SLIDER

24 oct 2026

LA CRISIS PRE-GTA VI NO PERDONA


Niko, my cousin! 




¿Tengo crisis pre-Grand Theft Auto VI? Llego preguntándomelo días, y lo cierto es que diría que no, pero los recientes acontecimientos me están empujando a pensar lo contrario. No hay muchos juegos que se esperen más de una década, al menos no de los que se presuponen por mucho que no estén anunciados, así que no voy a negarlo, GTA VI se espera como pocas veces se ha esperado no un videojuego, sino cualquier producto del mundo del entretenimiento. Soy de los que tienen muchas ganas de jugar a lo nuevo de Rockstar, al igual que sé que no soy ese perfil de jugador del que esperas algo así, quiero decir, le di el año pasado mi premio GOTY 2025 a un juego como Seafrog (OhMyMeGames, 2025). Por aquí siempre estoy hablando de juegos raros, de lo mucho que me emociona encontrar experiencias nuevas y de lo feliz que me hace encontrar, escarbando en la tonelada diaria de juegos que nos llegan, un juego que esté hecho para mí. GTA no es ese juego, pero es algo que pasa muy pocas veces en la vida, teniendo en cuenta, sobre todo, el demencial tiempo de desarrollo que ha tenido la entrada que nos llega este próximo 19 de noviembre. He disfrutado todos los juegos de la saga Grand Theft Auto como un evento, y siempre han estado a la altura. Puedes, por tanto, obviar su salida, claro está, pero para los que estamos esperando esta nueva entrega, esto es lo que es: el Real Madrid viniendo a jugar contra el Albacete Balompié porque una vez cada par de décadas le ha tocado el enfrentamiento directo en Copa del Rey.


Dicho lo cual, yo estaba a mis cosas muy tranquilo, con mi GTA VI reservado en esa caja tan maravillosa que no trae ni siquiera el disco para cuando llegara el día de lanzamiento tener mi papelito con un código. Una tontería, vale, pero no estoy comprando el juego en sí, estoy comprando la experiencia de ir a la tienda física a que me den el juego, que además marqué como envuelto para regalo, y pasarme el camino de vuelta deseando llegar con mi autodetalle bajo el brazo. Hacía mucho que no hacía algo así, por lo que me hace una especial ilusión. No es el tema, en cualquier caso, porque lo único que quería decir es que tampoco tengo yo un nerviosismo tonto de este que te entra el día de Reyes a pesar de que ya sabes lo que hay, al menos no de momento. Ahora bien, algo pasa, porque todos los juegos que estoy jugando últimamente se me están convirtiendo en enormes decepciones, y no puedo más que pensar que, o me estoy definitivamente rompiendo, o que la sombra de Grand Theft Auto es mucho más larga de lo que pensaba.




Esta web es conocida -por aquellos que lo hacen- como un sitio muy estricto. Es lo que busco, un lugar donde las puntuaciones reflejen verdaderamente una escala con sentido, y donde cada medio punto marca una gran diferencia, de manera que un notable es una puntuación a tener muy a tener en cuenta, y un aprobado ya es suficiente nota como para considerar el juego como recomendable. Mi lista de análisis arroja trillones de suspensos sin ningún tipo de problema, pero es cierto que últimamente la tendencia es muy positiva. La razón no es un ablandamiento, sino un tiro mucho más controlado hacia qué juegos quiero jugar y cuáles no. Dejo pasar muchas oportunidades cuando antes abrazaba todas, en busca un poco de la sorpresa, pero con los años me he hecho, por decirlo egocéntricamente, experto en mí mismo. Raro es el juego que a día de hoy me sorprende desde el prejuicio, y raro es el juego al que me meto con toda la gana y me decepciona. Por eso, si revisáis las puntuaciones de este último año, cuesta incluso encontrar suspensos y notas bajas. Curiosamente, este fin de 2026 destaca por lanzamientos muy importantes que a mí no me han convencido, y que he dejado pasar por falta de ganas. Hasta ahí, todo controlado, pero lo que no esperaba era toparme con juegos que parecen hechos para mí, que quería jugar, y que han acabado siendo grandes decepciones. Algo pasa cuando, como he dicho, llevo un año de juegos bien valorados para juntarme ahora con una tanda seguida de títulos que he acabado abandonando en muchos casos, haciéndoles un favor de cara a mis análisis. En ese sentido, también he aprendido a dejar ir, a parar en lugar de forzarme a continuar un juego que ya tenía claro que no iba a disfrutar como debería, y que en otro momento hubiera llegado hasta los créditos finales para poder hacerle el pertinente análisis.


No es del todo llamativa mi decepción con Silent Hill: Townfall (Screen Burn, Konami, 2026). Es, de todos los juegos que tenemos hoy aquí, el único que he llegado a completar, por lo que mi opinión no es endeble. Os invito a que leáis el análisis, claro está, para profundizar al respecto. Digo que no es del todo llamativa la decepción porque nunca confié en el proyecto. Ya desde las primeras presentaciones sentí que algo fallaba como Silent Hill, y no tardé mucho en comprobar, ya con el mando entre las manos, que así era. Sin embargo, lo que no esperaba era que se me cayera como videojuego, que tuviera tantos problemas, más allá de lo meramente técnico y salvable mediante actualizaciones, que no acabara viendo en él nada especial en comparación al resto de juegos de escondite que tanto pueblan el género de terror desde hace ya décadas. Tampoco tiene mucha culpa, o mejor dicho, responsabilidad, Forever Ago (Third Shift, 2026), el nuevo juego que trae Annapurna Interactive y que, estoy seguro, cumple sus intenciones, pero que a mí ya me pilla viejo, nunca mejor dicho. Esa narrativa tan obsoleta en videojuegos no es capaz de salvar una historia que, por otra parte, está llena de topicazos, al menos el tiempo que lo jugué antes de que lo abandonara, más o menos a mitad de camino. Su principal problema es que, con solo ver los trailers, ya puedes ver venir cómo es el juego sin que exista ninguna sorpresa de por medio.




Viniendo de esa semilla, lo grave ocurrió después. Por un lado, Silver Pines (Wych Elm, 2026) ha sorprendido a todo el mundo con lo que globalmente ha sido recibido como un gran juego, capaz de mezclar los survival horror con el metroidvania y hacerlo de una manera muy natural, completamente acorde con la experiencia de un juego de terror moderno. Empecé a jugarlo, desde la ilusión de alguien que llevaba tiempo detrás del proyecto y la información de que había salido tan bien, para encontrarme un juego que estaba bien, sí, pero que no despertaba nada en mí. Creo que bebe tanto de sus influencias que se olvida de ser él mismo, incluso cuando sobre el papel está aportando algo distinto. No sentí chispa, tan solo avanzaba por inercia y nunca tuve claro si el juego quería que ahorrara cada bala y esquivara todos los enemigos, o si todo estaba preparado para lo contrario. Por otro lado, la decepción final me llegó con Castlevania: Belmont's Curse (Evil Empire, Konami, 2026), uno de mis juegos más esperados del año, como no podía ser de otra manera para alguien a quien los Castlevania le vuelven loco desde pequeño, y que tiene en la fórmula post-Symphony of the Night (Konami, 1997) la mejor versión posible. Mi exigencia era alta, lo reconozco, pero ni siquiera esperaba un Castlevania memorable, sino un Dead Cells (Motion Twin, Evil Empire, 2018) sin roguelike o, por lo menos, un Castlevania no tan inspirado como los de Game Boy Advance o Nintendo DS, pero sí uno con un gamefeel muy marcado. No estaba preparado para encontrarme, no solo un peor Castlevania que todos esos que he nombrado, sino algo inferior a los estándares del género, incapaz de reflejar la agilidad y sensaciones al mando de los anteriores trabajos de Evil Empire, incluyendo The Rogue Prince of Persia (Evil Empire, 2025), los cuales ahora se han aliado con Konami para traernos este Castlevania: Belmont's Curse que tampoco se ha salvado de esta mala época que estoy viviendo, y de la que solo están saliendo despedidos juegos que, creo en otro contexto, me hubieran gustado bastante más.


Gears of War: E-Day (The Coalition, 2026), calienta que sales.




Todo este batiburrillo de juegos me ha hecho pensar que algo pasa con la llegada de Grand Theft Auto VI y ni siquiera siento que sea así. Quitando juegos muy concretos, pequeñas píldoras que me quedan sueltas que me ilusionan, los títulos en mayúsculas de 2026 se han terminado, y estamos en un momento donde mis ganas de GTA VI están afectando, sobre el papel, al resto de juegos. Ganas de que llegue y se desbloquee la paranoia y el miedo en la industria, que por lo que más o menos voy viendo afectará hasta, mínimo, febrero de 2027, cuando recuperemos el ritmo con juegos como mis ansiados Stranger Than Heaven (RGG Studio) o Persona 4 Revival (Atlus). Incluso si existiera una crisis post-GTA VI, si es que para entonces ya lo he terminado, veo imposible que pase un caso similar con dichos títulos teniendo en cuenta lo mucho que los espero. Quién sabe si para entonces no decido darle una nueva oportunidad al reguero de víctimas videojueguiles que ha ido dejando el inminente lanzamiento de la última gran obra mastodóntica de Rockstar...




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