El enjuague bucal es una cosa asquerosa que solo algunos privilegiados podemos mantener en la boca más de treinta segundos. Supongo que es un gusto adquirido, acostumbrarse a él. Hay una extraña satisfacción, un pequeño punto de masoquismo, cuando los ojos te empiezan a picar y la lengua a arder, para acabar expulsando ese mejunje asqueroso que te permite no solo mantener un aliento fresco, sino también la falsa ilusión de que te has quitado de encima siete revisiones dentales.
Mouthwashing es prácticamente igual a eso: un relato cargado de escenas impactantes hechas para incomodar, que te llevan a un extraño estado de satisfacción, casi como cuando eres incapaz de dejar de mirar ante un accidente de tráfico. Mouthwashing no es un juego de terror, es un relato de terror, y de esos hay pocos en el mundo de los videojuegos.









