Supongo que hay que empezar diciendo que Coffee Talk Tokyo es un buen Coffee Talk. No solo eso, posiblemente estamos ante la mejor versión hasta la fecha, y eso, para una saga que tiene, mientras escribo estás líneas, un 98% de reseñas positivas en Steam en su primera entrega, y un 97% en su segunda, es mucho decir. Coffee Talk gusta, siendo uno de los mayores referentes en este subgénero de visual novel donde tú pones la bebida y el cliente pone su historia.
Mi relación con Coffee Talk es, por desgracia, mejorable. Quizá sea porque no me gusta el café tan amargo y soy de los que, más bien, se limita a manchar la leche. Soy yo, está claro, porque vuelvo a referenciar la cantidad de reseñas positivas que acumula la saga, y que no me cabe duda prolongará con esta tercera entrega -la primera no numerada-. Supongo que, precisamente por el buen recibimiento del público, toca ser continuista y ofrecer la misma exacta experiencia. Es más, Coffee Talk Tokyo se simplifica todavía más, dejando de lado ideas nuevas metidas en la segunda parte que, vale que no acabaron de gustar, pero han sido eliminadas de un plumazo en esta tercera entrega donde, tal y como nos pasaba en la primera, nos limitaremos a servir bebidas y escuchar conversaciones, sin ninguna novedad en absoluto. Por desgracia, esta ausencia de cambio total implica que mis análisis de los anteriores Coffee Talk son válidos también para este, con un extra de reiteración que es difícil de perdonar.
Creo que Coffee Talk me ha frustrado más que un Dark Souls y eso, en un juego que pretende ser reconfortante y agradable, es una losa gigantesca. Puede que alguien me diga lo de "git gud" en Coffee Talk, yo ya me creo cualquier cosa. Si bien en anteriores entregas me encontraba un poco perdido con los pedidos, aquí directamente sentía que el juego se estaba riendo de mí. Tengo sospechas de que todo se trata de errores de traducción, cosas que no tienen sentido en la versión en español o algo así, porque si no, la otra posibilidad es que el juego esté mal programado. Reconozco que hay bebidas ambiguas donde excusarse, puedo fallar a la hora de escuchar un pedido con los tres ingredientes perfectamente definidos, y no ser capaz de saber si es una bebida que el cliente quiere fría o quiere caliente, con el consecuente fracaso, pero algo anda definitivamente mal cuando alguien me pide cualquier bebida sin cafeína, y decido ponerle una taza de chocolate simple para recibir una reprimenda de que la bebida tiene cafeína y no es lo que habían pedido. Está situación se da muchas veces, con pedidos no solo ambiguos, que fallas casi por obligación, sino con pedidos concretos que sigues al pie de la letra para encontrar fracaso en tus resultados. El no satisfacer bien la demanda te llevará a líneas de diálogo condescendientes y amables, que recalcan que no pasa nada por fallar, pero sientan todavía peor cuando no se trata de que fallaras, sino de que claramente no están bien representadas, sea por lo que sea.
El tema del recetario es otra historia. Muchas recetas salen de la aplicación Tomodachill, que vuelve a repetir en este Coffee Talk. Allí, siguiendo el hashtag de recetas, encontraremos sugerencias que nos llevarán a descubrir nuevas preparaciones. El problema es que no podemos reproducirlas en el momento. Si un cliente quiere un café, quiere un café, y cuando queramos tirar mano de una de esas recetas ya no estará disponible el post que chivaba la receta, ya que no se guardan. Tan solo podemos tirar de memoria. Lo mismo pasa con las pantallas de carga, que muestran algunas de estas recetas pero que, de nuevo, solo pueden aplicarse si tú memoria da para ello. Al final, siguiendo el curso normal, tan solo tendrás recetas muy básicas por culpa de un sistema que no es, en absoluto, amigable con el jugador.
Como veis, queda claro hasta qué punto Coffee Talk no es ese juego calmado y calentito que espero, sino más bien una frustración demasiado constante a poco que los clientes se salgan de lo básico. Una experiencia tan inesperada como coger una taza de tu bebida caliente favorita pero que al llevártela a los labios está fría.
En medio de este panorama, la buena noticia es que Coffee Talk Tokyo vuelve a tirar de estar bien escrito, algo que, creo, perdimos en la segunda parte. Ni siquiera necesita de historias muy trascendentales, y se defiende bien incluso cuando los temas a tratar son los esperados. Tenemos un reparto de personajes variopinto, al que solo le puedo echar en cara un par de cosas. Para empezar, hay enormes diferencias en las tramas de los personajes, quedando claro cuáles son los personajes principales y cuáles los de relleno. Algunos están por estar, y no aportan nada al conjunto. Hubiera preferido recortar en personajes a cambio de profundizar en los otros, y es que, dado que el juego dura unas siete horas -en una partida, digamos, normal, ya que ofrece varios finales-, hay pocas intervenciones para cada personaje, no permitiendo conectar nada con muchos de ellos. Otro problema en cuanto a guion es que, si bien como digo Coffee Talk Tokyo recupera la inspiración a la hora de contar historias, algunos personajes no están bien escritos. Creo que hay, mínimo un par de ellos, que no es que no aporten mucho, sino que más bien hablan y se expresan de maneras muy similares a otros, restando personalidad al conjunto. Tampoco entendí el personaje de la niña, repelente de más y, sobre todo, muy alejada de lo que debería ser una niña en la forma de expresarse, por mucho que nos dejen caer lo inteligente que es.
No he sentido, tampoco, que todo esto de movernos a Tokyo haya tenido una repercusión muy concreta. Más allá de recrear criaturas del folklore japonés, sentí que se podía haber hecho algo más con su apuesta por una ambientación tan diferente, especialmente cuando, como comento, el título se libra de la numeración para dotarle de una dimensión diferente. Creo que no hay un gran esfuerzo en la ambientación, y hubiéramos tenido el mismo juego si en vez de Coffee Talk Tokyo se hubiera llamado Coffee Talk Navalcarnero.
Coffee Talk Tokyo sufre de un continuismo muy evidente, pero a la misma vez, sus historias siguen enganchando. Si vienes aquí a escuchar la charleta de la cafetería, te irás reconfortado, pero si lo haces por la parte de simulador de barista, prepárate para repetir lo mismo que has estado haciendo en las dos anteriores entregas, de una forma todavía más básica. Imagino que el grueso de jugadores viene por lo primero, así que tranquilos, pero no puedo dejar de lado todo ese conjunto de emociones frustrantes en un juego que, supuestamente, busca exactamente lo opuesto.
Jugado en PC (Steam) con una copia de prensa proporcionada por Chorus Worldwide.






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