miércoles, 4 de septiembre de 2019

WATCH DOGS - LA ÚLTIMA BROMA DE UBISOFT

5 años después de su lanzamiento Watch Dogs llega a mis manos. ¿Se ha superado la criminalización que tuvo el juego en su lanzamiento?




Ubisoft. La compañía de los juegos envoltorio, idóneos para una presentación en una feria y terribles cuando juegas a ellos más de dos horas. La compañía de las decisiones polémicas en cuanto a la antipiratería. El estudio que sería capaz de realizar un manual de 1.000 páginas de decisiones estratégicas erróneas. Máximo exponente durante un tiempo del maltrato al jugador, o mejor dicho, al comprador. Gran parodia de infinitas sagas explotadas de manera anual. DLCs, ediciones coleccionista, sí, pero también responsable de clásicos imborrables y con una mención ya obligatoria en la historia de los videojuegos, tanto por historia como por industria.

Pero 2014 no era el mejor año para Ubi. Veníamos de un año un tanto irregular, con un Assassin's Creed de turno que fue el mejor de ellos pero que tuvo una repercusión comercial discreta para la saga, y la muerte o standby de la saga Splinter Cell con el ignorado Blacklist. No, 2014 no fue el mejor año, pero sí que fue un antes y un después. Por aquel entonces teníamos a la Ubi más Ubi. Aparecería el buen South Park: The Stick of Truth y ese mismo año se lanzaría el fracaso de The Crew, junto a un Far Cry 4 que ha sido de los más discretos en ventas de la saga y, en medio de una gran polémica, el Watch Dogs que nos ocupa.

Watch Dogs es la piedra del cambio, la última broma de Ubisoft. Y no, no vamos a hablar del terrible downgrade que sufrió el juego porque es algo que va ya tan asociado a Watch Dogs que directamente estamos diciendo obviedades. Lo realmente malo de Watch Dogs es que es como una versión final del modelo de juego de Watch Dogs. La expresión final del modelo de plantilla que llevábamos viendo una y otra vez de manera anual y en muchos casos doble de la esencia o fórmula de la Ubisoft del momento. Watch Dogs no es más que un meme de Ubisoft.

A partir de aquí, Ubisoft aceptaría las críticas y, sí, repetiría sus fórmulas y continuaría explotando sagas, aunque se presenta un cambio importante. Todavía nos quedaría ver en 2015 un juego flojo como fue Assassin's Creed Syndicate, y volverían a cometer el pecado casi heredado del downgrade en The Division, el cual llevaban arrastrando años, pero se percibe un cambio de tendencia en los títulos de Ubisoft. Llegarían Juegos como Rainbow Six, For Honor o el propio The Division que son claros ejemplos de que Ubisoft es de las mejores compañías a la hora de ofrecer juego-servicio, con contantes actualizaciones y contenido para los juegos  que va lanzando, de manera que hoy en día sabes que cuando compras un juego de Ubisoft raro es que te deje tirado. También llegarían single player reconstruidos, empezando por un Watch Dogs 2 que gustó mucho más, aunque las ventas no acompañaron, y el lavado de cara necesario e impresionante de la saga Assassin's Creed. El downgrade empezó a irse de las bocas de los expertos y fue sustituido por alabanzas en la mayoría de los títulos, aunque todavía pecarían de mundos abiertos absurdos como el de Wildlands. Ubisoft ha mejorado su imagen de marca considerablemente en los últimos años, y Watch Dogs de alguna forma fue su último escopetazo al aire. La última broma de Ubisoft.


Es cierto que considero a Watch Dogs un juego bastante malo, pero desde la subjetividad más fuerte. Entiendo que alguien me venga y me diga que encontró en él cosas buenas, pero es esa sensación de "más de lo mismo" que reina por encima de cualquier mal. Watch Dogs es muy innecesario. Su existencia no tiene fuste, y jugar a él más de unas pocas horas es directamente perder el tiempo. Esto es lo que me llevó a abandonarlo, ya que lo elegí como juego del verano para, tras darle numerosas oportunidades y forzarme a que me gustara, sentir en todo momento que estaba perdiendo el tiempo.

Un juego vacío, con misiones principales que parecen secundarias y misiones secundarias que parecen meros eventos aleatorios. Control tosco potenciado por una mala cámara que está demasiado encima del personaje, haciendo que te tropieces con cosas que no ves y ocupe demasiado en la pantalla como para que te sientas cómodo. La conducción muy simplista y mala, mezcla de arcade y simulación pero con un manejo terrible también por una cámara mala. Un sistema de control confuso y poco intuitivo. Una interfaz poco elaborada. Watch Dogs es tremendamente incómodo de jugar en un género que superamos hace ya bastante tiempo.


Por encima de todo se alza su repetitividad. En todas las misiones tendrás que hacer lo mismo, pero desde el minuto 0. La primera vez que lo haces no te parece tan mal, con sus elementos de sigilo adaptados al hackeo. Cuando llevas entrando en zonas restringidas en cada misión para ir mirando entre las cámaras y encontrar códigos de acceso, la cosa aburre. Todo se enlaza con un mundo abierto que no tiene sentido, más allá de para que se produzca alguna persecución interesante. Ir al sitio de la misión es aburrido, y hacerla también. Y aquí es cuando uno ve las diferencias entre los mundos abiertos de Ubisoft y los de, por ejemplo, Rockstar. Ubisoft te muestra una mecánica en todo el juego, o mejor dicho, una idea que se ve materializada en un conjunto de mecánicas. Rockstar te ofrece lo contrario, las mismas mecánicas pero en ideas bien distintas a lo largo de su juego, haciendo que cada misión te aporte algo nuevo, teniendo la misma base jugable. Esa sensación de que tiene sentido, de que hay una progresión como juego más allá de meter soldados con casco a los que no puedes hackear con tanta facilidad. La dificultad entendida como progreso, como evolución del jugador a los mandos.


Como digo, Watch Dogs es meme definitivo de Ubisoft. El abrazo directamente a la parodia. Si llevas años persiguiendo iconos en un mapa en la mayoría de juegos de Ubi, aquí directamente tienes una pantalla llena de iconos. Sacar tu móvil para conectarte con el mundo que te rodea te llevará a una interfaz criminal sólo factible en la mente de los desarrolladores de Ubisoft Montreal. Una abrumadora lluvia de iconos que al principio puede resultar graciosa como elemento de marujeo, al presentarte datos privados de cada paseante que se cruza en tu camino, pero que antes de la hora ya te arroja dudas sobre el funcionamiento de la misma. ¿Para qué? No existe ninguna utilidad a la hora de saber que un personaje, que no es más que un puñado de píxeles en tu pantalla, tiene pasión por los gatos. No hay elementos jugables al respecto, no hay razón de ser más allá del puro sensacionalismo de vender el juego como tal.

Cuando superas la fase de mirar los datos de cada NPC, todavía te queda por luchar contra una interfaz que no hace más que marcar cosas. Un juego que se ensucia sobremanera y que, no nos engañemos, tampoco funcionaría sin ningún tipo de extra. Las mecánicas de sigilo son más aleatorias que eficaces, y al final acabas convirtiéndote en esa máquina de matar que no deberías ser en un juego como Watch Dogs. Por desgracia, la acción solo se acerca a resultona.

La ciudad no tiene vida, la variedad de coches es casi nula y encontrar una moto es casi una tirada de dados. No verás a gente conduciendo motos, sólo las verás aparcadas, o al menos yo nunca me crucé con ninguna. La propia ciudad tiene un mapa paupérrimo que la hace tremendamente incómoda de navegar, mostrando calles que luego no son, y haciendo un verdadero suplicio el cruzar los puentes que conectan las distintas zonas. Lo mismo pasa con la historia y su personaje principal, probablemente de las peores que he visto en un juego de Ubisoft, y mira que las hay malas. Por mucho que lo intentes, nunca conectarás con la historia ni el personaje.


Watch Dogs es la última piedra en la tumba de un modelo explotado hasta la saciedad. A día de hoy, su valor es casi residual. Sinceramente, no me imagino ningún contexto donde poder recomendar jugar a Watch Dogs.


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