lunes, 22 de octubre de 2018

Broken Sword: The Sleeping Dragon

Un giro radical a un nuevo sistema de juego condenó a Broken Sword: The Sleeping Dragon (Broken Sword 3) en su día. Veamos si el paso del tiempo ha mejorado las sensaciones.



La saga de Broken Sword tuvo gran importancia en los años 90. Dos aventuras gráficas puras fueron lanzadas al mercado en esa década y aportaban al género un espíritu aventurero y un carácter un poco más adulto, sin renunciar a un sentido del humor muy personal. Así, el primer Broken Sword: The Shadow of the Templars (1996), todavía mi favorito, presentaba una pareja protagonista que ya sería "titular" en cada uno de los títulos. Su segunda entrega se alejaba de conspiraciones y similares para ofrecer una historia mucho más fantástica. Broken Sword 2: The Smoking Mirror (1997) era en cualquier caso un gran juego que llevaba más allá las bases del primero.

Fue entonces cuando todo se pausó, y Revolution Software no sacó Broken Sword 3 hasta 2003. Todo había cambiado ya. Los polígonos reinaban y el 3D era casi obligatorio, por lo que se tomó la polémica decisión de llevar Broken Sword a las nuevas tecnologías. Adiós a los bellos escenarios y animaciones dibujadas a mano, y hola a la computerización poligonal que daría lugar a escenarios completamente vacíos y faltos de vida. Parte de la esencia, por no decir toda, se perdió en esa decisión.


Alguien decidió que la primera imagen era más fea que la segunda

La cosa no acababa ahí. El salto al mundo 3D en tiempo real hizo que se llevara por delante al género del que había mamado. Sí, supongo que Broken Sword 3 es una aventura gráfica, más ahora que a día de hoy el género sigue lleno de híbridos. Tienes tu inventario, usas cosas con cosas, ya sabéis, pero se dice adiós al point & click para incluir un control basado en mando. Un Broken Sword consolero, que hacía que tu palanca izquieda moviera al jugador y tus botones de la derecha ejecutaran acciones. El control con teclado se hace casi injugable, por culpa también de unas cámaras mareantes que no paran de moverse y de cambiar de plano, destrozando el eje de direcciones en todo momento ya que ni siquiera usa el sistema de otros juegos de cámara estática como los primeros Resident Evil. Simplemente no se puede avanzar entre cambios de plano.


Esta decisión mata jugablemente a Broken Sword 3, que ya de por sí venía herido del mero hecho del salto al 3D. Hay más, desgraciadamente. Los escenarios son muy amplios, y eso unido a lo vacíos que están hace que recorrerlos sea una tortura. No hay peor sensación que encontrarse un barrio entero lleno de puertas cerradas con las que se puede interactuar que no hacen nada. Es más, los barrios tienen un montón de zonas que no sirven absolutamente para nada. No os quiero decir lo que es no saber qué hay que hacer y perderse en un mar de puertas que jamás se van a abrir. Los escenarios están muy desaprovechados, y da por sentado que vas a perder mucho tiempo en cosas que no deberían ni existir.


He de decir que visualmente, más allá de lo vacío que está, no está muy mal. Ahora que las resoluciones han ido tan lejos jugar a estas alturas Broken Sword 3 no se hace feo a la vista. Los personajes ya son otra historia, claro está, pero es lo de menos. Lo que sí hay es pérdida de personalidad de personajes tan emblemáticos como Nico, la cual han convertido en una mujer florero que tan solo está para molestar. La mayor parte del tiempo irás con ella a tu vera, y siempre será un problema más que una ayuda. Además, hay un intento de convertir a Nico en una especie de Lara Croft por culpa de un Tomb Raider que venía fuerte desde hace años.


Porque Broken Sword 3 se aleja de explotar tu inventario como cualquier otro Broken Sword y encima te lo llena de cosas que no vas a usar nunca. En lugar de ingeniosos puzles donde la lógica y lo absurdo casi se cruzan como en anteriores entregas, Broken Sword 3 te cuela partes de plataformas imantadas -te acercas a un borde y te aparece la acción, pero no te puedes caer-, terribles escenas de acción con horrendos QTE que si fallas te obligarán a tragarte toda la secuencia desde el principio, y una injustificable cantidad de puzles de mover y apilar cajas hasta la enfermedad. En serio, perdí la cuenta de las veces que me tuve que someter a esta clase de puzles. Además, se ve una pérdida de interés en el juego haciendo estos puzles mucho más presentes de cara al final.


La historia, pilar fundamental en un Broken Sword, y en cualquier aventura gráfica, queda ensuciada por la nueva psicología de los personajes. De nuevo se apuesta por un desarrollo demasiado fantasioso, que incluye hasta dragones que ya os digo, salen de la nada y sin justificación alguna. Tampoco me voy a meter con ello mucho porque ya el segundo Broken Sword tiraba por cosas demasiado irreales, pero sabed que tampoco merece la pena por su historia, sobre todo si atendemos a las cuestiones de los personajes.


Broken Sword 3 no es que haya envejecido mal, es que era muy malo en su día y no ha mejorado.


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