El Sonic más experimantal.
Estás un 6 de junio esperando a ver qué pasa en el verano de eventos videojueguiles sin saber que hacer. Queda un evento de XBOX para anunciar cositas, y algunas mentes locas te han dicho que igual cae Persona 4 Revival como lanzamiento shadow drop. No te lo crees ni un poco pero... ¿y si sí? Por tanto, estas a escasas horas de que XBOX decida si te arregla el verano o no -spoiler: no lo hizo-. Mientras ese momento llega, hay poco tiempo como para comprometerse en el juego grande de turno, así que echas un vistazo a tu biblioteca de Steam para recordar dos cosas: una, que vas a morirte antes de jugar a todo lo que tienes, y dos, que no has jugado a Sonic CD. Alguien que se proclama seguero no ha jugado a Sonic CD. Alguien que incluso escribió un apartado del libro SEGA Legends Forever tiene la cara dura de decir que es fan de Sonic sin siquiera haber jugado Sonic CD. Había que remediarlo, y bueno, la verdad es que más de uno se llevará las manos a la cabeza viendo como el Sonic CD que analizo hoy es aquel a la venta en Steam y no en el Mega CD, pero la vida nos lleva a caminos inesperados sin elegirlos.
Recuerdo las campañas de Sonic CD. Recuerdo ver esa hipnótica introducción y sentir que había llegado el futuro, y que por fin podía decirle a mis vecinos nintenderos que estaban haciendo el ridículo contra Sega. Recuerdo también pensar por dentro que, sí, mucha introducción loca y tal pero luego el juego tampoco se veía tan diferente al Sonic de Mega Drive. Esto, claro está, no se lo decía a nadie. Lo que sí llamaba la atención eran esas canciones llenas de voces -hasta había cuenta atrás en la canción de invulnerabilidad- y sonidos varios en alta calidad, impensables para el siempre pobre chip de sonido de mi vieja Mega Drive, además de esas fases de bonus en tres dimensiones, con una inspiración obvia del Modo-7 del vecino.
Sea como fuere, Sonic CD fue un sueño para mí, como todo lo que tuviera que ver con Mega CD. La verdad es que era tan cara que ni siquiera recuerdo pedirle a mis padres que me compraran el cacharro. Menos mal, porque no veníamos de una familia adinerada precisamente y creo que, viendo cómo salío el Mega CD desde la lejanía, nunca me hubiera perdonado haberles hecho pasar por el esfuerzo. Ahora, años después y con una versión de Steam que no sé ni de dónde salió, pero que ya os digo yo que no llegaría ni a un euro de precio en el momento de su compra, saldo mis deudas jugando, por primera vez, a Sonic CD.
Gotta go past, gotta go future
La imagen introductoria te deja hipnotizado, pero no hay mucho tiempo para más, porque directamente apareces en la primera zona. La Green Hill de turno ahora es Palmtree Panic, y tu inercia consolera te lleva a apretar la derecha hasta que te salga fuego en el pulgar. Lo primero que te encuentras es un loop donde se produce un cambio de perspectiva. Eso sí que era next gen. ¡Tomad esa, nintenderos! Bueno, si el truquito se hubiera usado alguna vez más, sería destacable, pero la verdad es que tan solo vemos ese artificio un par de veces a lo largo del juego, y muy al principio, casi como si se les hubiera olvidado. La razón por la que este efecto de perspectiva se queda como algo aislado se me escapa.
De camino empiezas a ver cosas raras, como unos carteles de past y future que no entiendes y unos extraños momentos que te llevan, como por teletransporte, a versiones alternativas de los mapas que estás recorriendo. No entiendes nada, y no te explican nada. Eran otros tiempos, sin duda, donde el jugador pillaba las cosas a golpes o leyendo uno de los manuales que acumulaban, en ocasiones, el medio centenar de páginas con explicaciones -en diferentes idiomas, no os asusteis-. Vas pillando de qué va la cosa, y por supuesto, como perro viejo en la saga, sabes que tienes que llegar a la meta con un número mínimo de anillos para que se te abra la fase bonus que te permita recoger las gemas del caos, aquí reimaginadas como piedras del tiempo, para ver el final verdadero o cualquier cosa extra que quieran meterte.
Avanzas, pues, por inercia. Empiezas a recorrer los mapas con esa dura sensación de ver, de cada nivel, un 1%. Corres y corres, porque gotta go fast, pero no sabes qué te vas a encontrar. A veces celebras las interrupciones o enemigos porque retomas un poco el control y porque no quieres que te salga un callo de apretar el D-pad, y otras rechistas porque una abejilla te ha roto el flow que llevabas. Dicho sea de paso, y lo suelto ahora antes de que se me olvide o no encaje, los enemigos en Sonic CD son pequeños de más, y teniendo en cuenta los animalillos que pululan por algunos de los niveles, la realidad es que cuesta diferenciar qué es enemigo, qué es peligro del escenario y que es, simplemente, adorno. Eso sí, el diseño visual de los enemigos se alinea mucho más con las criaturas robotizadas que Robotnik construía en series de dibujos, notándose la evolución en el propio personaje. Animalillo, o mejor dicho animalilla, es Amy, que aparece por aquí por primera vez en una escena durísima que a día de hoy estaría funada, cosa que no pasa con un Metal Sonic que odiarás con especial fuerza cuando se dedique a molestarte en cierta batalla-persecución contra Robotnik en el último tercio del juego.
Robotnik es, curiosamente, uno de los principales giros que tiene Sonic CD con respecto a sus primos de menor tamaño. Las batallas contra el antagonista son más elaboradas, y en lugar de apostar por la repetición de ataques se intenta abrazar más la variedad de situaciones. Han sido batallas contra bosses criticadas por sosas, pero lo cierto es que a mí me parecieron algo único que abrazaba un poco más lo experimental, y que a día de hoy recibo con mayor alegría que haberme encontrado una sucesión de ataques de un enemigo que hubiera tenido que golpear, simplemente, varias veces. Los niveles, por su parte, se sienten especialmente divertidos, abusando del pinball para bien o para mal. Es como si todos los pasajes tuvieran algo del Spring Yard Zone del primer Sonic, salvo las partes del final que sí que exigen mayor calma y precisión. No faltará, por supuesto, un nivel acuático de los de infarto con cuenta atrás para apresurarnos a la hora de encontrar las ansiadas burbujas de oxígeno, y una parte laberíntica en la que perseguir a Robotnik para golpearle. A veces, este Sonic CD se siente como un remake del primer Sonic, ya que se dan varias situaciones compartidas con aquel juego de 1991.
Tu primera partida exitosa te desbloqueará a Tails gracias a esta versión actualizada que es la que tenemos en Steam. Tails es ese Sam de Frodo con el que apetece jugar de vez en cuando, que se añade a los otros extras desbloqueados que suman a las ya de por sí supuestas ganas de conseguir esas piedras del tiempo en las fases de bonus. Fases que se sienten fáciles en primera impresión, pero difíciles a poco que te pongas, en una propuesta de esas que no te hacen sentir desafío, sino que tú eres especialmente tonto. Tus sucesivas partidas se beneficiarán entonces de los diseños de niveles enfermizos alrededor de toda la franquicia, todavía más grandes en este Sonic CD. La verticalidad de sus mapas te llevan a múltiples recorridos y recovecos, aumentando mucho las dosis de rejugabilidad. Sonic se juega yendo muy rápido y olvidándose de que hay mil caminos por arriba y por abajo, no por querer terminarlo rápido sino porque sabes que futuras partidas serán distintas a poco que falles un salto. No es ninguna barbaridad decir que en la saga entera, desde su debut en Mega Drive, se pueden ver pinceladas de lo que luego llegaría con los juegos de mundo abierto. Se siente también en cómo se afrontan los niveles, en como conseguir la meta de anillos hace que vayas a la salida como una exhalación, pero perderlos empuja a retroceder y buscar alternativas para conseguir recuperar la cantidad perdida y poder, así, acceder a la fase bonus de cara a encontrar las piedras del tiempo.
Personalidad por doquier, escenarios coloristas y ese toque de Sega inolvidable que todavía nos hace identificar sus influencias en múltiples juegos, potenciados por una banda sonora a la altura de las mejores de la saga. Quizá Sonic CD no tenga muchas novedades, y quizá no es ese plus que uno pensaba para el ambicioso Mega CD, pero sin duda es un Sonic con todas sus letras y que, aunque queda en otro escalón con respecto a la trilogía original, no deja de ser un placer seguir jugando, incluso cuando se llega tan tarde como yo.
Jugado en PC (Steam).







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