Ryu Ga Gotoku Studio avanza sin piedad con un ritmo de lanzamientos abrumador, dejándonos una entrega nueva de Yakuza anual -yendo más allá si destapamos la caja de los remasters, director's cut y similares- para que no nos relajemos. Esta vez, parece que han decidido aceptar un desafío: "¿Son los piratas una de las ambientaciones que más te aburren, querido NeoJin fan de la saga? Tranquilo, aquí estamos para demostrarte que te tenemos bien pillado hagamos lo que hagamos."
Si hay un Yakuza que podía fallarme era este. De hecho, sentí poca cosa cuando vi el trailer que anunciaba su salida. Goro Majima como protagonista para abrazar el fan service, en una historia de piratas en pleno 2025. Una excentricidad que olía a refrito, trayendo de nuevo el mismo Honolulu que nos dieron a conocer en Like a Dragon: Infinite Wealth (Ryu Ga Gotoku Studio, 2024) y que añadía un par de nuevas localizaciones entre las que destacaba Madlantis, una especie de casino piratil oculto dentro de una cueva en mitad del océano donde la ley la impone el más fuerte. Ni el anuncio de la vuelta de First Summer Uika en el casting, esta vez interpretando a un niño llamado Noah en lugar de a la ya mítica Akane de Like a Dragon Gaiden: The Man Who Erased His Name (Ryu Ga Gotoku Studio, 2023), hacía que sintiera las mismas cosquillas que con cualquier otro lanzamiento de la saga, pero no iba a bajarme del tren de haber jugado a todos los Yakuza a estas alturas.
Por ello, y por su clara factura de spin off, esperé hasta navidades para encasquetarles el regalo de Reyes a mis padres y ahorrar así unos buenos dineros. Sin embargo, al comenzarlo -en un inicio un poco flojo de más, todo sea dicho-, no tardé demasiado en conectar con la propuesta. "Yakuzas, piratas, son todo lo mismo", dice Majima en una de las secuencias introductorias, y no le falta razón.
La mayor novedad, o por lo menos la que merece mención especial, es la de surcar los mares con nuestro barco pirata y asaltar aquellos que se atreven a mirarnos con mala cara. Más que un océano que explorar, se trata de un mapa fragmentado con pantallas de carga/viajes rápidos disponibles. Cada una de estas zonas guarda algunos combates contra enemigos grandes y pequeñas islas con tesoros que asaltaremos de manera rápida. Las batallas navales son satisfactorias, y el desplazamiento tiene ese punto arcade de ir pillando turbos y objetos por el camino, en una experiencia algo básica pero lo suficientemente divertida como para que me compensara lo absurdo del contexto. Personalización del barco y una tripulación repleta de personajes secundarios que eligen el camino del cameo forzado por encima del desarrollo lógico, terminan por configurar la experiencia naval prometida.
El resto de novedades, anecdóticas. El hecho de que, por primera vez, podamos saltar y encadenar combos aéreos en combate, no me supuso ninguna diferencia -ni le vi gran beneficio en su uso-. Los dos estilos de combate están un poco por estar, uno más pensado para batallas de gran número de enemigos y otro para focalizar ataques en un único objetivo. No sentí que el juego apretara en ningún momento, y de hacerlo, siempre estaban los socorridos alimentos que había cocinado previamente en uno de los estridentes minijuegos disponibles.
El principal problema de Like a Dragon: Pirate Yakuza in Hawaii es la constante presencia de tutoriales que pretenden no dejar a nadie atrás. Entiendo que todo Yakuza puede ser el primer Yakuza de alguien, pero aquí se quiere meter todo lo que había -aprovechando que ya estaba hecho- en un juego que es menor tanto en repercusión como en horas de juego. Toda la ciudad de Honolulu es ya de por sí grande, con todos sus minijuegos y actividades heredadas con pocos añadidos, por no decir esas escenas que calcan 1:1 lo que vimos en Infinite Wealth, incluyendo mismos planos y hasta mismas bromas. La progresión nos lleva a revisitar mismas situaciones que acercan al juego más a una rejugada del anterior que a algo nuevo como tal. Por ello, por no acabar de abrazar lo de que si no has jugado los anteriores no te metas en este, la progresión de Like a Dragon: Pirate Yakuza in Hawaii está muy condicionada por la visita a los pertinentes tutoriales que te van desbloqueando la experiencia completa. Diría que más de la mitad del juego se desarrolla con esa estructura, la de ir de un punto a otro a que te hagan el siguiente tutorial, cuando casi la totalidad de actividades ya las conocemos de anteriores entregas. Cuando el juego se te abre por completo, prácticamente llega a su fin.
A pesar de esta capa de refrito tan gruesa, que empieza a tener cada vez menos defensa, existen suficientes alicientes como para que la experiencia merezca la pena. La historia es una tontería de proporciones bíblicas, pero está bien llevada, como siempre que Ryu Ga Gotoku se pone en faena. Majima sigue manteniendo su carisma y presencia imponente, pero sí que empieza a chirriarme un poco que todos los personajes de Yakuza sean unos buenazos, especialmente cuando Majima siempre ha estado unido a la locura y el caos. Escudándose en la amnesia, el perfil de Majima es muy moderado, y aunque hay más de una vez que saca su lado más conocido, creo que su perfil como personaje pedía un poco más de personalidad. A veces lo siento como un mero cambio de fichas con Ichiban, y no es exactamente lo que esperaba.
También luce mucho ir viendo personajes de juegos pasados en diversas secundarias. Da más empaque todavía al mundo de Yakuza, pero a la misma vez se hace raro que Majima vaya pasando uno por uno por todos los personajes que ya conocieron Ichiban o Kiryu. Además, aunque completarlo llevará varias decenas de horas, no es tan demandante en cuanto a desafíos como el resto de la saga Yakuza, acercándose un poco más a la experiencia más contenida que fue Like a Dragon Gaiden: The Man Who Erased His Name. Quizá se siente peor como spin off porque la historia es menos intensa, en un mundo vasto lleno de actividades que, como digo, no se sienten más que un copia-pega de lo que había previamente. Dragon Kart, caza de depravados en el trolebús, los repartos de Locomida, desafío fotográfico de Alohappy... No hay Isla Dondoko ni tampoco sujimones, aunque estos vienen a reemplazarse por la tripulación del barco y su gestión.
Creo que este Yakuza de transición es ideal para aquellos que sentimos sus personajes principales y secundarios como parte de nosotros, y también, por supuesto, para quienes quieran aventurarse por primera vez en la saga, ofreciendo una cantidad de contenido mareante y, sin duda, una ventana a lo que es Yakuza en sí mismo. También es uno de los Yakuza con los que más me he reído, gracias a unas secundarias de lo más inspiradas. Eso sí, aquellos que lleguen un poco más de nuevas tendrán que pagar el peaje de no disfrutar de un desarrollo especialmente pensado para aquellos que ya conocen a los personajes principales y secundarios. No es, en cambio, una buena elección para los que juegan Yakuza de una manera más casual o se han aproximado de manera más distante, ya que lo que verán serán situaciones que probablemente ya hayan vivido.
En mi caso, que la conexión es total, han conseguido que un juego que me atraía lo justo y que no hubiera jugado si no se llamase Yakuza, me siga pareciendo una entrega decente que mantiene todavía con vida la gallina de los huevos de oro. A pesar de ello, no puedo dejar de sentir que estamos ante un juego grande como un océano, pero con la profundidad de un charco.
Jugado en PC (Steam).






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