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miércoles, 18 de agosto de 2021

CALL OF DUTY: INFINITE WARFARE - LA CAMPAÑA

Infinite Ward.



Por cosas de la vida llegaba yo feliz a este Infinite Warfare del que sólo vamos a analizar su campaña. Un juego del que se me había hablado bastante bien, y que prometía alejarse un poco más de la saga Call of Duty más clásica y abrazar un poco más la locura y la diversión antes que la simulación de guerra, si es que me permitís ser tan valiente como para utilizar ese concepto. Infinite Warfare me prometía en los trailers mucha gravedad cero, e interacción con el entorno para eliminar de maneras creativas a los enemigos. Desgraciadamente todo esto fue algo más que anecdótico, y las promesas en esos aspectos acabaron siendo meros scripts, e Infinite Warfare sigue siendo ese juego donde apuntas y disparas, solo que ahora, tus balas en vez de hacer tanto PAM hacen un poco más de PEW.


De todas formas esto de darle el giro al contexto y presentar un Duty futurista no es algo nuevo, y llevábamos viéndolo durante las anteriores entregas de la franquicia. La trilogía del jetpack podemos llamarla. Advanced Warfare de Sledgehammer Games, Black Ops III de Treyarch y este Infinite Warfare de Infinity ward forman probablemente la época más negra de Call of Duty, perdiendo su esencia a cada paso y no volviendo a dar un golpe sustancial en la mesa hasta la salida de aquel Modern Warfare que vino acompañado del Warzone. Esta trilogía, sin relación entre sí, fantaseaba con guerras futuristas, superpoderes, robots y interfaces de vistas de detective y se permitía el lujo de darnos sorpresas tan sonantes como la campaña de Black Ops III, con la que quedé bastante contento por esa apuesta tan valiente de meter en un Call of Duty un relato Sci Fi de idas de olla sin precedentes en la franquicia.


¿Dónde queda Infinite Warfare sabiendo todo eso? En un juego que me decepcionó a todas luces a pesar de que, avisados estáis, su campaña está considerada como una de las mejores de la saga. Quizá problema mío por esperar algo tan imaginativo como Black Ops III, o por tener a Infinity Ward como el gran estudio que trajo Modern Warfare y que no habían hecho un Duty desde el Ghosts en 2013, o por simplemente notar un puntomás arcade, lo cierto es que Infinite Warfare para mí se quedó en un juego que no hace nada que no haya visto antes, solo que ahora en vez de con una presa de fondo lo hace con un planeta.


Un soso menú nos da la bienvenida a la sucesión de topicazos que, al parecer, nos van a acompañar en el futuro. Personajes de ceño fruncido, miradas serias y penetrantes, siglas en cada conversación y algo de bromance. Ememigo a las 6, gente levantándote del suelo tras una explosión a cámara de lenta con pitido -en el espacio, todos pueden oír tus gritos-, frasecitas profundas al morir, misiones de infiltración equipadas con rifle de francotirador y, en definitiva, Infinity Ward demostrando ser nuevamente la reina del script.


Pero fuera de esta lluvia de clichés de la saga, que parece que vienen por contrato, Infinite Warfare trae los suyos propios. Tenemos nuevamente la apuesta por un hub central con armería donde equiparnos y recibir la información de los objetivos entre misiones, y que visitaremos demasiadas veces. En esto cabe destacar que se incluyen misiones secundarias que hacen que la campaña pueda durar un poco más, pero que recortan el tiempo de juego de la trama principal -unas 5/6h horas-. También tenemos un montón de partes de pilotar aviones/naves que se hacen muy cuesta arriba, hackeos de robots y equipamiento táctico considerablemente inspirado, partes en gravedad 0 que se pueden contar con los dedos de una mano de E.T. y una decente movilidad que ya veníamos trayendo de los anteriores Call of Duty, y que me hacían pensar que esto iba a tener un poco más de dinamismo y se iba a acercar a aquel fantástico Titanfall 2 en propuesta.


Y llegado a este punto, uno se preguntaba qué tiene que hacer Call of Duty para remontar el vuelo. No se trataba de cómo hacerlo, sino de dejar de hacerlo.


Infinite Warfare paga los platos rotos de una vajilla que llevamos comprando años. Realmente, la factura la llevamos pagando bastante tiempo y al final ahorramos más tiempo tirándola entera que eligiendo qué salvamos y qué no. Fue el caso del nuevo Modern Warfare que consiguió reposicionar la saga, al menos en términos de calidad, porque en cuanto a ventas está claro que no hay razón para parar la maquinaria con una Activision que sigue apostando por un Duty anual y que ahora se apoya en el epicentro y nexo que es ese Warzone, juego gratuito que probablemente está repercutiendo en más beneficios para la compañía que cualquier otro título de la saga. Modelos de negocio del futuro, que cada vez son más del presente.

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