martes, 7 de julio de 2020

NEED FOR SPEED: HEAT - TAN MALO COMO DICEN, O MÁS

Cuando llega el calor, los chicos se enamoran.




La saga Need for Speed, venida a menos desde el Underground -claro pico exitoso-, me ha dado grandes momentos. Las divertidísimas carreras de Need for Speed II con sus físicas locas, las persecuciones policiales de Need for Speed III que llenaron las tardes de juego con mi hermano, o el extraño giro que fue aquel Need for Speed Porsche, que prácticamente me enseñó a conducir. Desde entonces, tras echar un pozo de horas a los Underground y tras pasar por una tonelada de títulos posteriores que ni recuerdo, entre los que se incluye el coqueteo con la simulación de Shift que vimos por El BloJ, decidí salirme de la autovía que son los Need for Speed y casi los juegos de conducción en general. Dejé el género un poco en barbecho hasta que tuve la fortuna de cruzarme con Forza Horizon 4 y poder catapultarlo directamente hacia el olimpo de los videojuegos. Nunca he sido un gran admirador de los juegos de conducción, quizá porque en PC grandes sagas como Gran Turismo nunca han aparecido, por lo que pensar en un top de juegos de la historia y que se me pase por la cabeza el Forza Horizon 4 me resulta cuanto menos peculiar.

Sabedor de mi enamoramiento crónico con dicho juego, me aventuré a retomar mi recorrido en los juegos de conducción. Sabía que nada que jugara después de Forza Horizon 4 me iba a llenar tantísimo, pero por otra parte tenía curiosidad por ver qué hacía la competencia, y hasta qué punto el juego de Playground Games tenía mérito propio o si lo que había pasado es que hacía tanto tiempo que no jugaba a un género que me gusta que lo pillé con excesivas ganas.

Probablemente pasar del cielo al infierno no es la mejor opción, pero Need for Speed Heat se me puso a tiro al ser incluido en el Origin Access Basic y decidí instalarlo. Craso error.


Y es raro que empiece por aquí, pero a la misma vez me parece lo más representativo del juego. Habla mucho de Need for Speed Heat el mero hecho de incluir contratos con conocidas marcas como Adidas para incluir ropa original con la que poder editar tu personaje. Desconozco cómo está el mercado, pero estoy seguro de que no han sido 10 dólares de pago, y emplear parte de tu presupuesto a vestir a tus personajes con marcas licenciadas cuando hablamos de un juego de conducción donde el piloto no se ve, en lugar de invertirlo en, yo qué sé, ampliar la plantilla de desarrolladores o mejorar sus salarios para hacer un juego mejor, me parece la mejor definición de lo que hay detrás de este Heat. Un juego que ni siquiera es una barbaridad en lo visual, por culpa en parte de un horrendo filtro que parece sacado de Instagram, en un género donde el fotorrealismo está a la vuelta de la curva, e incapaz siquiera de haber diseñado la cámara del interior de los coches que ya es una obligación desde hace años en este tipo de juegos.


Heat se ve influenciado por los mundos abiertos que empecé a ver con aquel Test Drive Unlimited y que tan bien ha sabido evolucionar la saga Forza Horizon. El mapa, y la propia interfaz de Heat, son casi un calco de dichas entregas. Esta pseudo Miami que se nos presenta es atractiva a ratos, pero no tan variada ni con tanta personalidad como necesita el hecho de apostar por un mapa de carreteras lleno de coleccionables, desafíos y excusas para hacerte perder el tiempo que, en Forza Horizon 4 eran un placer mientras que aquí se sienten como deberes a última hora. La historia, una broma.

Lo único que hace bien Heat, más allá de cosas puntuales de su jugabilidad que todavía no tengo claro si me gustan o no, es presentar el ciclo del día y la noche como algo sumamente diferenciado. Bueno, digo ciclo por decir, porque realmente somos nosotros los que elegimos cuándo pasar del día a la noche, pulsando un botón en el mapa cuando estamos de día y acudiendo a alguno de los pisos francos por la noche. La ciudad cambia bastante, y los soleados parajes que dan calor sólo con mirarlos del día dejan paso a luces de neon y brillos que se reflejan en los charcos de las lluvias tropicales convirtiendo la carretera en un compendio de sobreestímulos que perjudican directamente a la conducción, por mucho que haya un esfuerzo por señalizar el trayecto y sus limitaciones.

El sistema funciona porque hay, digamos, dos "cobros" en este Heat. Por un lado, las carreras de día aportarán dinero, al tratarse de carreras oficiales. Con el dinero, lo de siempre, compramos coches nuevos, mejoramos piezas -el inventario e interfaz son muy mejorables- y realizamos pruebas como derrapes y similares para obtener las mejores recompensas. Cuando decidamos saltar a la noche, las carreras se transformarán a competiciones ilegales que nos darán únicamente reputación, las cuales nos servirán para acceder a nuevas misiones de la historia y competiciones cada vez más exclusivas. Estas carreras ilegales se caracterizan por persecuciones policiales que determinarán el resultado de la carrera, y van más allá de un mero añadido a la competición. Cruzar la meta no nos reportará una pantalla de victoria ni de clasificación, y el juego seguirá como si nada con lo que conlleva: las persecuciones no se acaban al cruzar la línea de meta. Tu labor será despistarlos como si de un GTA se tratase y acudir a tu piso franco para acabar la noche y así cobrar la experiencia obtenida. Este sistema plantea un riesgo-recompensa, multiplicando tus ganancias si decides seguir haciendo carreras y evitando policías. El Dark Souls de los juegos de conducción con Florida como escenario.


Need for Speed siempre ha tenido una vena arcade, pero me llamó la atención desde el primer minuto lo agresivamente arcade que es este Heat. Todo se basa en una misma mecánica de juego, el derrape, que aquí se potencia hasta lo absurdo. Soltar el acelerador en una curva y volverlo a pulsar nos otorgará un obsceno derrape que se utiliza durante todo el juego. Es llamativo empezar una misión y ver como el coche de tu compañero se dirige calmadamente al inicio de la misión derrapando en todas y cada una de las curvas que están por delante, incluso si son tomadas a velocidades ínfimas. El mensaje está claro: derrapa todo el rato. Y pronto te das cuenta de que las físicas están destruidas, y que las mediciones de velocidad a la hora de usar estos derrapes están bien alejadas de la simulación.

Como digo, no tengo claro si esto me gusta o no. No tengo problema con una aproximación más arcade, pero la apuesta por una sola mecánica que explotan hasta la saciedad, dejando casi inservibles controles como el freno de mano y todas las implicaciones jugables básicas del género que llevamos aprendiendo años, me dieron la sensación de que cuanto más jugaba a Heat, más estaba intoxicando todo lo que había aprendido.


A la clamorosa falta de identidad que tiene Heat, se le une un desarrollo lento y aburrido, y la sensación constante de que no hay razón para invertir tiempo en un juego como éste cuando ha sido tan insultántemente superado por otros desde hace varios años. Probablemente Heat sea la última entrega perezosa de la saga, ya que todo parece estar alinéandose para una reimaginación de la saga en el futuro próximo. Ya veremos si Need for Speed recupera su nombre en el género, pero de momento lo tiene difícil.


2 comentarios :

  1. Es una saga que nunca me convenció, los primeros tenían un aspecto muy realista para la época pero cuando los veías en movimiento hacían aguas, luego llegaron los juegos oscuros nocturnos de tuning, y luego los bandazos.
    De los que he probado, el de wiiu fue el único que me gustó

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    1. A ver si vuelve a la cabeza de su género...
      Gracias por comentar, no sólo en este análisis, sino en todos sitios. Nunca te lo agradezco lo suficiente :)

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