viernes, 15 de febrero de 2019

El Post-Juego Mata al Juego

Sabes que tu contador de horas echadas a ese juego que tanto te gusta es ridículo. Casi te planteas poner tu biblioteca de Steam en privado para que nadie pueda ver el tiempo que has dedicado a deambular por uno de esos mundos abiertos tan abrumadores llenos de iconitos y misiones secundarias. Llega un día donde te levantas, inicias el juego como siempre, solo que esta vez sientes una fuerza de atracción inevitable. Ha llegado la hora.

Y esa fuerza de atracción no es otra que la de la última misión de la historia del juego llamándote. Para los que intentamos completar cuanto más, mejor, de un juego antes de terminar con la historia, este sentimiento es a veces irrefrenable. Al mero hecho de querer acabarlo se le unen otros fantasmas, como el de los posibles spoilers que pululan por internet. Así que sí, llega un día, y en mi caso no suele ser planeado, donde decides poner fin a la historia, y acudes a ese icono de misión principal al ver que tienes un par de horas libres por delante.

Te cuesta retomar un poco esa sensación de fin de juego. No en vano aparcaste la historia principal llena de grandes momentos hace muchas horas y has dedicado todo ese tiempo a hacer aburridas misiones de recadero y coger esos coleccionables que tan poca utilidad tienen. Pero, tras unos minutos de calentamiento -en el mejor de los casos, porque a veces no te da tiempo-, te involucras en el juego tanto que piensas que todo ha merecido la pena, que ese final está a la altura de las expectativas tan elevadas y autogeneradas por el paso del tiempo.


Una música emotiva da lugar a un acontecimiento trágico, épico, o incluso nostálgico y tienes esa sensación de que todo el mundo debería experimentar eso mientras los títulos de crédito se pasean por la pantalla mostrando artwork e imágenes de producción. Te ha gustado tanto ese clímax tan punzante que ni siquiera pasas ese montón de letras. Unas últimas notas de piano acompañan un "FIN" que poco a poco se va desvaneciendo redondeando la obra. Ha llegado el momento de decir adiós a... espera, ¿qué es esto?

Casi como si fuera un pop up que hasta un ad blocker debería bloquear, un mensaje frío, hiriente y sin empatía ninguna con tu estado emocional actual llega a tu pantalla: "¡Enhorabuena! ¡Has completado -nombre del juego-, sigue jugando para completar todo lo que te ha quedado pendiente, hay mucho por hacer!", y no sólo eso, si no que el juego continúa automáticamente, aunque esta vez sin icono de misión principal esperándote, para que puedas seguir haciendo de recadero un poco más. ¿Pero yo no acababa de morir en el final? ¿Pero mi mujer y mis hijos no acaban de ser sacrificados para salvar al planeta entero? ¿Qué hago aquí recogiendo tomates para llevárselos a un tipo que acabo de conocer en un pueblo a 350 kilómetros de mi ubicación? ¿Qué hago riéndome con un borracho en esta misión secundaria cuando hace dos minutos mi pueblo ardía en llamas?


Y es que, amigos, no son pocos los juegos que se me murieron por culpa del post-juego. Bueno, no tan grave como para morirse, pero sí para que a la hora de valoralo, lo último que me quede de sabor de boca hayan sido esas aburridas secundarias y no ese final inolvidable que ahora no me lo parece tanto. Y con post-juego no me refiero únicamente a esa posibilidad de terminar lo secundario que hayas podido dejar en esos absurdos mundos abiertos, no, me refiero a esos DLC que expanden la historia con una hora o un par más. Sí, cuanto más contenido, mejor, aunque éste suela ser de pago, pero a la misma vez no es lo mismo que tu último recuerdo sea esa batalla épica contra esa persona que te lo arrebató todo y que duró casi una hora, que ese combate casual contra un bandido aleatorio que ha secuestrado a los hijos de un policía.

Pensad en términos cinematográficos. Imaginad, no sé, el final de El Señor de Los Anillos con ese final tan bien conducido que añade tan sólo diez minutos más donde uno de los personajes tiene que ir a llevar lembas a un personaje nuevo que ha tomado protagonismo en esos últimos diez minutos. Con todo el contexto que queráis, pero así. Y ahí, la película termina. ¿No os estropea, y no poco, esas sensaciones del final?

Así que desde aquí hago un llamamiento para que... ¿Para qué? Pues no lo sé, porque no tengo la solución. ¿Qué quiero, que una vez acabado el juego se desinstale de tu sistema y no te permita volver a ejecutarlo hasta los próximos dos años para que puedas quedarte con ese buen sabor de boca? Si hay alguien que tiene cierto poder de control sobre esto es el propio jugador, pero es un poder mínimo con todo y con eso.

lunes, 11 de febrero de 2019

Anime Babes: Solitaire

Porque si jugar a que tu jefe no te pille jugando al solitario no es suficiente, siempre puedes además cambiar las clásicas cartas por encantadoras señoritas con problemas para tapar su cuerpo.

sábado, 29 de diciembre de 2018

PRM 2018: LO MEJOR DEL AÑO

Última entrada que recoge los cuatro premios a lo mejor que ha pasado por el año en El BloJ. Llegan los premios gordos.

Además, esta última entrada cierra los PRM 2018. Espero que os haya gustado tanto verlos como a mí hacerlos. Recordad que en Twitter extendemos un poco más las explicaciones y prolongamos esta ceremonia bajo el hashtag #PRM2018

¡Gracias a todo y nos vemos en los PRM 2019!