Streets of Rage es probablemente uno de los juegos más representativos de todo el catálogo de SEGA. Si alguien te atacaba con las exclusividades de Nintendo cualquier seguero como yo podía defenderse con Sonic y, probablemente, con Streets of Rage. No obstante, si no te venía a la cabeza el nombre del juego, también podías ganar esa batalla dialéctica soltando hostias gracias a lo que has aprendido en Streets of Rage. Todo ventajas. La saga en su conjunto era maravillosa, y eran tres imprescindibles del catálogo de Mega Drive. Su segunda parte fue su cima, pero en la primera ya teníamos un fiel reflejo de lo que es una de las sagas más divertidas en la historia de los videojuegos, y que a día de hoy sigue disfrutándose igual.
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| Adam, Axel y Blaze. Hostia a la izquierda, hostia al centro y hostia a la derecha |
Me he pasado mucho tiempo dando mamporros por las calles a todos los punkis que me iba encontrando. 1991 no era el mejor año para salir a pasear con una cresta de varios colores y ropa chunga, porque corrías el riesgo de cruzarte con Axel, Blaze o Adam y recibir sin motivo alguno una lluvia de patadas. Porque el desarrollo del juego no es más que ese, avanzar con uno de los tres personajes por distintas zonas de la ciudad y molerte a palos con todos sin preguntar. Un Beat 'em Up, sin duda el género más agradecido para ser jugado con dos jugadores, que tiene en Streets of Rage un pilar casi definitorio.
Parece mentira que algo tan simple pueda llegar a ser tan divertido. Es difícil de explicar que más de veinte años después de su aparición siga siendo un juego que siente tan bien. Ni siquiera podemos justificarlo diciendo aquello de que eran otros tiempos donde Schwarzenegger y demás compañía eran modelos a seguir por crujir a enemigos continuamente. En 2013 sigue siendo igual de reconfortante apalear a un matón entre dos jugadores.
Tres botones, que en Mega Drive no habían más hasta que apareció el mando de seis. Uno para golpear, otro para saltar y otro para llamar a un policía que se carga todo lo que hay en pantalla (y hace un daño considerable a los jefes de fin de fase). Sin embargo no todo es golpear sin más, ya que pronto debemos dominar el noble arte de las llaves que nos permite gozar de uno de los placeres más culpables del juego, tirar por los precipicios a nuestros enemigos.
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| Mi parte favorita, con Blaze a ser posible |
Sobre la historia y todo lo demás, poco que decir. Un grupo de jóvenes policías cansados de tanta maldad por las calles dispuestos a barrerlas por las noches y acabar con el mayor exponente del sindicato del crimen. Seguro que ni cobraban las horas extra. Desde luego de uniforme no es que vayan, así que seguramente estaban haciendo las prácticas teniendo en cuenta su edad. Lo gracioso es que podemos optar por un final alternativo (únicamente en dos jugadores) donde nosotros mismos nos convertimos en el más malo de los malos. Ocho niveles con distintos jefes de fin de fase, los cuales se acaban repitiendo un par de veces. Sin duda estos enemigos finales serán los que más vidas se lleven. Que nadie deje de odiar en ningún momento a las gemelas que aparecen en el barco, porque son de lo más difícil que hay en todo el género. A día de hoy sigo sin saber cómo combatir exactamente a una de ellas. En cualquier caso, si vemos que esto no es lo nuestro, hay niveles de dificultad para regalar, en un juego que es probablemente el más difícil de los tres.
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| El hermano malo de Paquirrín vuelve a por nosotros |
Si todavía hay alguien que no ha jugado a esta pieza angular de los videojuegos ha llegado el momento. Que no tenga miedo por si ha envejecido mal porque parece que hasta el paso del tiempo ha convertido al juego y a toda la saga en algo todavía mejor. Un buque insignia de SEGA y casi una razón para tener la 16 bits negra. Dejaos de infiltración y de tanta mierda y poneos a repartir sufrimiento corporal de una maldita vez.
PUNTUACIÓN
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