Un tono europeo, sí, pero confundiendo el ritmo pausado con el sopor.
Los walking simulator no han evolucionado mucho con el paso de los años. La cantidad de juegos del género que tenéis analizados por aquí es señal de ello, y también de lo fácil que soy con este tipo de juegos. Si comparamos Dear Esther (The Chinese Room, 2008) con cualquiera de los títulos de reciente lanzamiento en el género, solo vamos a encontrar diferencias en lo técnico y narrativo. Muchos han mezclado el género con puzles, pero si hay algo por lo que los walking simulator han acabado decantándose eso ha sido el terror. Supongo que los walking simulator son lo más parecido a ir sobre raíles, y en eso, el tren de la bruja garantiza sustos orquestados y medidos al milímetro -eso, sobre la teoría-, de manera que el jugador es mera marioneta en manos de las malignas intenciones del desarrollador de turno.
The Town of Light, en cambio, parece el eslabón perdido entre Dear Esther y todos esos juegos de terror que te lanzan gatos a la cara para que chillen. Por tono y ritmo, una experiencia sosegada y narrativa, a la que no le importa secuestrar al jugador durante largos pensamientos y lecturas de diario por parte de su protagonista. Por ejecución y apuesta terrorífica, una experiencia mucho más básica, que utiliza los recuerdos que van viniendo a la mente al entrar en determinadas estancias y realizar ciertas acciones casi en forma de jumpscares. A The Town of Light le falta mucha elegancia, y aunque encuentra un tono que podemos catalogar como curioso, y que honestamente creo que viene de estar ante una producción italiana, lo cual aporta un toque algo exótico, la realidad es que es insuficiente para mantener una experiencia poco atractiva y aburrida. No llega tanto el aburrimiento por su historia, que de alguna manera lo intenta, sino por tener cierta pasión por perder al jugador por los escenarios y, sobre todo, recorrerlos incontables veces en busca del siguiente punto de acción. Si The Town of Light tiene una duración escasa de un par de horas, lo que realmente acontece puede caber perfectamente en una hora, siendo todo lo demás largos paseos por pasillos que hemos recorrido numerosas veces.
The Town of Light es la obra previa de LKA antes de que llegara Martha Is Dead, que sin ser tampoco nada del otro mundo, es un mucho mejor juego. Con él comparte bastantes cosas, aunque a priori no lo pueda parecer. Ese tono mediterráneo en el tratamiento de la luz, esa perspectiva pausada que se apoya más en la autonarración por parte de la protagonista o la curiosa necesidad de tratar las historias en escenarios concretos, donde el propio edificio acaba convirtiéndose en un personaje más. Sin embargo, The Town Of Light se pierde en eternos recortes de diario y notas encontradas en espacios abandonados, mal del género casi de manera endémica, que son mágicamente dejadas para contar la historia que busca la protagonista.
El paso del tiempo no ha ayudado a The Town of Light. He llegado a él tarde, porque aunque, como digo, el género no ha cambiado prácticamente nada desde su concepción, sí que se ha hecho mejor en incontables ocasiones. Quizá encontréis cosas de valor en él, no lo niego, pero si lleváis tantos juegos así a vuestras espaldas, probablemente os sentiréis tan hastiados en The Town of Light como yo.
Jugado en PC (Steam).




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