Menos cháchara y más Denshattack!
Supongo que tiene sentido empezar diciendo que tuvisteis unas primeras impresiones del juego gracias a un acceso previo que tuve la suerte de jugar. Por entonces, Denshattack! era, para mí, un buen juego que, tras probar este acceso previo, me animaba a seguir esperando la versión final. Me las di de listo hasta que ese momento llegó, la verdad, porque si me hubierais preguntado os habría dicho que podría haber escrito su análisis y clavarlo solo con lo que había visto en esa preview. Gracias a Dios, estamos ante uno de esos juegos que me ha cerrado la boca. De nuevo, repito, jamás pensé que Denshattack! fuera un juego malo, pero sí uno que esperaba que pasara por mi vida de una manera más anecdótica. Ese juego que instalas, juegas y disfrutas como pocos, pero que desinstalas una vez ves los títulos de crédito sin pararte a exprimir más para endosarle un notable bajo y mirar a ver cuál es tu siguiente estación. Denshattack! me ha demostrado que no solo se puede hacer un buen juego que huele a recreativa en 2026, sino que puede codearse, sin exagerar, con los mejores juegos del año.
Siento también la necesidad de hacer una pequeña advertencia, porque mi lista de análisis deja clara una cosa: no tengo preferencia por los juegos españoles. No me tiembla la mano a la hora de suspender ambiciosos proyectos que salen de mi país, y no tengo ningún favoritismo con ellos. Voy más allá, a veces pienso que soy el azote de los mismos porque vengo de leer/escuchar opiniones muy positivas para luego encontrarme juegos no tan llamativos que valoro como cualquier otro, chocando con lo que sale de otros medios y sintiendo que, en vez de remar para ayudar, me acabo convirtiendo en una piedrecita en el camino. Por suerte, no ha sido así con el título que desarrolla Undercoders, un estudio barcelonés bastante humilde que dejaba buenas sensaciones en todas y cada una de las ferias de videojuegos donde se ha ido publicitando, ya sea nacional o internacionalmente. La cosa pintaba bien, pero jamás imaginé estar hoy, tras haberlo jugado por arriba y por abajo de manera enfermiza, metiéndolo entre los candidatos a mejor juego de 2026.
Denshattack! se puede definir como un juego de altos contrastes. Por un lado, mi corazón criado entre consolas de Sega palpitaba con fuerza ante cada imagen que veía. A la misma vez, veía un juego muy de tabla de puntuaciones, muy de retar a tus amigos a ver quién hace mejor partida y muy de rejugar en base a mejorar esas metas alcanzadas. Para mí, un jugador que desde pequeño jamás miró esa parte de la pantalla donde ponía Score, tener esa sensación competitiva era de todo menos un aliciente. Otro contraste lo tuve en el planteamiento del juego, porque es un título con pura alma de recreativa, y más concretamente de recreativa de Sega, pero a la misma vez es mucho más abierto de lo que puedes presuponer. En Denshattack!, básicamente, nos movemos saltando sobre raíles prefijados que componen un circuito a completar, pero podemos llegar a los distintos raíles de maneras puramente orgánicas, saliéndonos aposta de las vías y tomando caminos no tan contemplados por los propios desarrolladores. Es un juego que se siente encorsetado, pero que acepta la libertad como tal, y es esta una de las principales razones por las que Denshattack! brilla con luz propia.
Toda esta sensación se acentúa con la propuesta en cada uno de los niveles. Uno podría pensar que Denshattack! es un juego de ir del punto A al punto B haciendo de camino la mayor cantidad de puntos, pero hay una variedad de estructuras y, por decirlo de alguna manera, modos de juego en los diferentes niveles, que este Denshattack! no parece el primer título de una saga, sino el segundo. Se siente como ese lanzamiento que se preocupa más por diferenciarse de la primera parte que otra cosa. Tendremos carreras contra otros trenes, niveles abiertos donde cumplir objetivos concretos en el menor tiempo posible o batallas contra bosses con momentos verdaderamente memorables repletos de creatividad, aumentando el nivel de la experiencia hasta máximos insospechados. Denshattack!, como digo, da más de lo que pedimos como jugador a una primera entrega, y es esta generosidad la que lleva a catalogarlo como un título memorable.
Quizá estoy obviando la parte más llamativa, algo que ya podemos sentir directamente viendo una estática captura de pantalla o un trailer del juego. Denshattack! huele a Sega, por cómo se ve, por cómo presenta cada nivel, por cómo nace la cuenta atrás y el arranque rápido, por cómo se potencian los contornos de todo lo que hay en la pantalla para apostar por colores marcadísimos y chillones que convierten a Denshattack! en una especie de Crazy Taxi en el mundo de Jet Set Radio con la actitud festivalera de Samba de Amigo. No es que esto sea un homenaje a Sega, es que directamente se siente como un juego que Sega siempre hubiera querido hacer, y en ese hipotético mundo, un juego que está a la altura de todos esos grandes nombres que acabo de mencionar. Por si no queda claro, Denshattack! potencia todavía más sus influencias apoyándose en una de las bandas sonoras del año, dirigida por Tee Lopes y contando con un tema del mismísimo Takenobu Mitsuyoshi. Una banda sonora que no se casa con nadie, y que no duda en cambiar de géneros y estilos para aportar una experiencia profundamente motivadora, acorde con el frenetismo y colorido del juego.
Piropos y más piropos para un juego que me llegó a obsesionar. El aluvión de controles inicial puede marear a más de uno, y la sensación de no saber jugar también, pero pronto eres uno con el mando, y donde antes dudabas de qué botón pulsar ahora tan solo necesitas tirar de memoria muscular y sentido arácnido. Donde antes te enfadabas con el juego cuando sentías que el cerebro no podía llegar a asimilar tanto estímulo visual y cambio de botones, luego acabas haciendo todo casi sin pensar. Capas y capas se van añadiendo conforme vas avanzando por sus niveles y todas ellas son oportunidades de estropear lo que había pero acaban siendo demostraciones del control que tiene Undercoders sobre la base jugable. Los "a ver qué van a meter ahora, si no cabe nada más" se tornan a "esta idea es maravillosa, no sé cómo he podido jugar hasta ahora sin esto". Las sensaciones de expansión constante chocan directamente con esa base jugable tan arcade, pero a la vez respetan su alma y la dejan intacta. Denshattack! se siente divertido para alguien que, virtualmente hablando, ha echado una moneda para disfrutar de una partida rápida, pero también profundamente denso para aquellos que lo han jugado incontables veces.
Y es que, como he dicho, a mí las puntuaciones me dan igual. No soy ya, tampoco, un jugador que rejuega, por falta de tiempo, pero Denshattack! es tan irresistible que hace que sea imposible no volver a pasar por sus milimétricamente cuidados niveles, ni que sea por presenciar las distintas rutas y alternativas que ofrece en una propuesta aparentemente lineal. Ahí me encontraba yo, dando saltos con mi vagón de tren y acumulando puntos, haciendo caídas perfectas y esquivas de último segundo. ¿Para qué? ¿Para conseguir una puntuación elevada? No. ¿Para prolongar el multiplicador de combo? No. ¿Para ver cómo aparece una senda especial que se activa al ir encadenando trucos? Tampoco. Simplemente, hacía todo eso porque da mucho gusto hacerlo, y eso es lo que un juego así necesita para atraer tanto a los que buscan la experiencia arcade como a los que buscan algo menos superficial. ¿Rejugaba cada nivel varis veces y volvía a los anteriores para eliminar esa fea medalla de bronce e intentar convertirla en una de oro? No, tan solo volvía a jugar los anteriores niveles porque me encantaba jugarlos.
Por si no fuera suficiente, su presentación es sobresaliente. Su personalidad se siente en los diálogos y personajes, así como en la forma en la que no se ha dejado todo como una sucesión de niveles inconexos. Hay una historia, que puede ser más o menos infantil, pero que se alinea con el espíritu divertido y vivo del juego potenciado todavía más por su apartado artístico y, tenemos que pararnos aquí de manera obligada, por la representación no ya de la cultura japonesa, sino de cómo se distribuyen los niveles a lo largo de todo el país y de cómo se trata cada ambientación y representación en función de sus regiones. Los coleccionables arrojan todavía más personalidad, materializándose en unos fanzines que aúnan tanto la historia básica y cultural alrededor de una región como la de los variopintos personajes que vamos conociendo a lo largo de nuestra aventura. Para acabar de redondear su presentación, las inspiradísimas escenas de vídeo que funcionan como interludios entre capítulos sirven no solo para contextualizar la aventura, sino para crear un verdadero universo que da gusto contemplar y apreciar, porque su cuidado y mimo quedan patentes en cada fotograma.
Si me ponéis una pistola en la cabeza y me obligáis a sacarle peros, puedo mencionar algunas cosas que se han quedado un poco atrás. Lo primero, y a pesar de que, repito, a mi todo esto de los puntos me da bastante igual, se hace raro que un juego como Denshattack! no tenga tabla de puntuaciones para picarte con los amigos. No me extrañaría una actualización que la incluyera. Segundo, Denshattack! no para de meter cosas nuevas casi a cada paso que da, pero las últimas mecánicas -las gravitatorias- se pasan de rosca y acaban descarrilando. Previamente, la sensación es la de que en alguno de esos añadidos puede estropearse la finura conseguida en el gameplay, pero sale ileso cada vez que lo hace hasta que llega ese mencionado punto, ya muy cerca del final, donde Denshattack! no sabe frenar y creo, sinceramente, que va en su perjuicio. Por último, algo que comentaba en las primeras impresiones: estamos ante trenes, que vienen a ser rectángulos sin más matices anatómicos, por lo que hay poca posibilidad de crear animaciones que hagan que los trucos se sientan visualmente atractivos. El flow al hacer estos trucos en el aire se siente bien, la respuesta al mando es correcta, pero tal y como dije en su día, visualmente no es precisamente un aliciente el buscar los trucos más complicados.
Me deshago en elogios con Denshattack! porque creo que hay que valorar muy notoriamente hasta qué punto tenemos un juego que no se ha conformado con su base. La primera vez que lo vimos, para prácticamente todo el mundo, se trataba de un juego loco donde hacías trucos de skate con un vagón de tren, y fijaos si Denshattack! ha ido más allá que he tardado todo este tiempo en mencionar una idea tan estridente como parte de su oferta. Estoy convencido de que brillará tanto o más en el resto de medios que lo hayan podido jugar, y que estamos no solo ante uno de los mejores juegos de 2026, sino ante uno de los que más sorprendido me han dejado incluso cuando ya sabíamos de qué iba la cosa. Denshattack! puede parecer un juego arcade más de reflejos donde conseguir la puntuación máxima posible, pero tiene tanta ambición que no duda en soñar con alcanzar la luna.






El goty este juego?, buen chiste si señor, ni nominado siquiera va a estar.
ResponderEliminar