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20 jun 2026

PRAGMATA: LA APUESTA DE UNA CAPCOM EN GRACIA - ANÁLISIS


Capcom encuentra el equilibrio en sus planes de desarrollo, y Pragmata es la primera gran muestra de que el sistema funciona.




Capcom está en gracia. Lo está, lo estaba y lo estará durante un tiempo, presuponemos, porque la inercia que lleva la compañía nipona es de las más positivas y contundentes que hemos visto en muchos años. En una industria falta de ideas y de, sobre todo, valentía, Capcom parece la única que tiene la capacidad de arriesgar y salir victoriosa, mostrando resultados financieros envidiables en cada informe que publica. La estrategia no solo es clara, sino también algo manifestada sin escondrijos. Capcom compagina nuevas entregas de sus sagas más laureadas con remakes de entrega más antiguas, consiguiendo así un beneficio monetario grande que aprovecha el tirón que todavía tienen sus sagas principales para invertir dicho dinero en la creación de nuevas IPs, permitiéndoles asumir un gran porcentaje de riesgo con apuestas más nuevas y ambiciosas que, quién sabe, se traduzcan en nuevas sagas de múltiples entregas. Es este, sin lugar a dudas, el caso de Pragmata, que parece que le ha ido suficientemente bien para que los mensajes que nos llegan de Capcom es la de seguir apostando por este nuevo universo.




2026, bajo este contexto, es la manifestación de esa estrategia en su estado más exitoso. Por un lado, un Resident Evil Requiem con cifra de ventas mareante, de récord en comparación con anteriores entregas con el tiempo que lleva en el mercado. Por otro lado, la llegada de Onimusha: Way of the Sword, que todavía no ha llegado pero que promete mantener el nivel el 25 de septiembre, también para este año, sin olvidarnos del Monster Hunter Stories 3 Twisted Reflection, que no jugué porque no estoy tan metido en esa saga. Por último, Pragmata, la creación de una nueva IP que se ha recibido con gran éxito por parte de prensa y público. De esta trifuerza -que me perdone Monster Hunter-, Pragmata era el juego que más esperaba, y no ha defraudado. Tras numerosos retrasos, y conocedor de lo que podía esperar con Resident Evil Requiem, Pragmata era casi una rareza en el mundo de los videojuegos. Una IP nueva en un mundo donde las secuelas se empiezan a contar por decenas y donde los remakes y spin offs están a la orden del día, por miedo a salirse de las sagas más reconocidas y exitosas y pagar el peaje de lo novedoso.


Esta Capcom que todavía invierte en creatividad la sentimos ya en Kunitsu Gami: Path of the Goddess, un buen juego que, para mi gusto, luego no dio para tanto, y que también se tradujo en una repercusión bastante anecdótica. Pragmata se siente un poco de esa misma vena, pero sacudiéndose ese aura de proyecto menor que sí que se sentía en el mencionado juego de 2024. Si por entonces hablábamos de que Capcom había conseguido emular las sensaciones de un juego de PlayStation 2, en Pragmata podemos decir que se han recuperado sensaciones de los juegos de la época de Xbox 360, aunque sin duda, con muchos matices. Al final, los vidoejuegos han evolucionado y han tirado muchas barreras con el paso de los años, pero hoy podemos decir que estamos ante algo que respira videojuego por todas partes. Pragmata es un juego casi perfecto no en ejecución, sino en planteamiento. Es un juego de acción sin ningún tipo de complejo ni pretenciosidad. Tiene un control refinado y amigable y, lo más importante, algo que aportar al género del shooter en tercera persona.




Para despistados, en Pragmata nos dedicaremos a hackear a los adversarios con un minijuego a tiempo real para revelar así los puntos débiles del enemigo y atacar entonces con nuestras armas de fuego, maximizando así el daño producido. Llenad esto de esquivas en el último momento, un arsenal de único cargador que nos llega a dar armas de usar y tirar para que siempre vayas cambiando, ejecuciones y golpes críticos y recuperaciones aéreas ante golpes enemigos y tendréis un retrato muy acertado de la experiencia jugable de Pragmata: una desafiante pero profundamente reconfortante experiencia jugable para un jugador que se verá tentado no solo a completar el juego, sino a jugarlo bien. Parte de culpa la tiene una apuesta por una estructura bastante clásica, capaz de dividir el juego en fases en pleno 2026 a las que puedes regresar en cualquier momento desde una base central que visitaremos recurrentemente para ir introduciendo nuestras mejoras, las cuales beberán de distintas monedas que vamos recogiendo tanto encontrando secretos como eliminando enemigos. Todo esto nos lleva a sentir Pragmata como un juego que casi parece tener los ya olvidados puntos, solo que aquí son moneda de cambio para dichas mejoras. Además, diversos retos en salas de entrenamiento y una buena selección de trajes desbloqueables, junto a varios modos desbloqueables tras ver su final, acaban por extender una duración que a algunos se les ha antojado corta pero que para mí se queda en lo ideal.




Pocas cosas puedo echarle en cara a un juego divertido, que aporta una idea sobre la que pulula todo el rato con éxito, pero si me obligáis, puedo mencionaros que eché en falta más variedad de escenarios. Las sensaciones iniciales, con esas apuestas diversas con la excusa de que todo es posible visualmente en el mundo de Pragmata, dejan paso a diseños más planillos y algo repetitivos. También puedo quejarme de su historia, que ha recibido varios elogios por la relación de Hugh y Diana, sus personajes principales, pero que a mí me pareció que pecaba de correr demasiado y forzar la química desde el principio, sin ningún tipo de evolución que resulte interesante más allá de un final que a mí me pareció adecuado. En lo jugable, los hackeos incluyen potenciadores, casillas con efectos diversos que se activan al pasar por ellas en su minijuego, pero son maniobras muy rápidas que no dejan tiempo para la estrategia. Pasaba por estos potenciadores pero nunca sabiendo exactamente lo que buscaba, sino solo porque pillaban de paso. No buscaba combinar efectos como tal, sino pasar por esas casillas amarillas porque sabía que eran cosas buenas. Por último, tuve algunos problemas para encontrar la mirilla de algunas de mis armas debido a la cantidad de partículas y números en pantalla.




No son, todo esto, críticas que lastren la experiencia final, pero sí que son suficientes cosas como para sentir que un hipotético Pragmata 2 elevaría todavía más el nivel con facilidad. Ya no sería el pionero, y por tanto tendría que hacer algo más que mejorar lo anterior, desde luego, pero cuando se me vienen a la cabeza con tanta claridad las cosas a mejorar es también por algo. Da un poco igual, porque aquí celebramos que todavía se puedan hacer cosas genuinas y frescas sin dejar de lado el espíritu del juego de acción. Pragmata es la demostración de que todavía queda pureza, de que no todo lo que nos queda es la industria que pasa su tiempo mirando hojas de Excel.



Jugado en PC (Steam).

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