Mixtape me ha recordado que, muchas veces, mi música es lo que define lo que no alcanzo a contar con palabras.
Beethoven & Dinosaur, estudio australiano encargado de desarrollar Mixtape, ya demostró saber gestionar emociones y canalizarlas a través de la música en The Artful Escape. Aquí, vuelven a utilizar el mismo medio de expresión como principal reclamo para contar una historia mundana, pero presentada con unas pinceladas de realismo mágico que captan perfectamente los sentimientos indescriptibles derivados del simple hecho de escuchar música.
Stacey Rockford, la protagonista de Mixtape, es capaz de encontrar una canción ideal para cada momento de la vida. Tiene la suficiente confianza en su criterio musical como para ser capaz de elegir la canción que mejor le va a cada situación. Por ello, su sueño es ser asesora musical, un trabajo que consiste en tener a tu disposición toda la música del mundo para atender las demandas de películas, anuncios de televisión o lo que se tercie. Antes de poner un punto y aparte a su juventud y emprender un viaje para empezar a cumplir ese sueño, pretende tener un último día perfecto con sus amigos planeando cada paso punto por punto y asignando una canción a cada uno de esos momentos, perfilando así lo que será su Mixtape ideal, que entregará en forma de tarjeta de presentación cuando llegué a Nueva York para hacerse un hueco en esa industria.
Mixtape me ha hecho recordar situaciones muy concretas, y también me ha hecho sentir que todas ellas siempre han tenido, en mi vida, banda sonora. Recuerdo comentarlo con una amiga cuando tenía 17 años, el cómo mi vida era, quizá, intensa de más -cosas de la adolescencia- porque en mi cabeza sonaban en todo momentos canciones muy concretas. No es algo que haya cambiado con la edad, y me temo que me va a acompañar hasta mi tumba. Eventos recientes muy importantes llevan asignadas canciones que sonaron una y otra vez en mi cabeza, no a toro pasado, sino en el mismo momento en el que fueron aconteciendo. No importa si son situaciones trágicas o felices, a mi cabeza vienen estímulos musicales que muchas veces ni siquiera se corresponden con lo que he escuchado últimamente, como si algo presionara el botón del Play en un momento preciso. Sigo recordando todas las emociones unidas a esas situaciones en gran parte a través de la música. Es, de alguna forma, mi legado, una manera de entender una enorme parte de mí, y a la misma vez también una fiel compañera que no solo me ha acompañado y ayudado, como a tanta gente, sino que también consigue definirme como persona, siendo capaces de transmitir emociones que de otra manera soy incapaz de definir. Conocer mi música es, en gran medida, conocerme a mí.
La selección de canciones de Mixtape es lo de menos. Por supuesto que he disfrutado con prácticamente todas ellas, desde las algo típicas melodías new wave a, sobre todo, la selección que coquetea con el post-punk/noise rock, pero la realidad es que son una excusa para recordar emociones y, lo más importante, sentir que no estoy solo en todo esto. Es entender que las personas detrás de este juego han querido compartir contigo sus emociones a través de la música. Es decirles que esas canciones no tienen el mismo valor para ti, pero sí que compartes y entiendes ese sentimiento. Jugar a Mixtape es como encontrar a alguien que no tiene por qué compartir tus gustos musicales, pero que es plenamente consciente de cómo te definen y ayudan a ser la persona que eres. Entender los gustos de esa persona y darles la importancia que tienen para ella es entender una buena parte de esa persona, y eso no se encuentra con facilidad.
Sentir Mixtape es más importante que escuchar Mixtape, porque su representación en pantalla es justo lo que sientes con tus canciones, con la banda sonora de tu vida. Simplemente, no entiendo pasajes de mi vida sin que suenen de fondo determinadas canciones, y es este sentimiento lo que Beethoven & Dinosaur refleja en su juego. Supongo que es algo parecido a los aromas evocadores, con la ventaja de que aquí puedes volver a ello casi a tu voluntad con solo volver a presionar el Play. Creo que no hace falta hablar de Mixtape más allá del impacto emocional personal, y de cómo me ha dado dos tortas en la cara para que no me olvide de lo importantes que son algunas cosas para mí, a modo de aviso para que no las desatienda.
Es un juego que me ha hecho sentir cosas, y sería estúpido pararme a hablaros de lo bonito que se ve, de la poca interactividad que existe o de cómo de acertado es su final, que ofrece una pincelada todavía más obvia de por qué los videojuegos son necesarios como un medio más. No tendría sentido. Todo ello es importante, no me malinterpretéis, pero es como no decir nada de lo que realmente he sentido jugando Mixtape. Cuando pasen unos años sé que voy a recordar lo bonito que fue flotar por praderas extensas o reventar fuegos artificiales al ritmo de canciones que ya ni siquiera sabré cuáles eran, pero cuyas emociones perdurarán dentro de mí. Mixtape te hace sentir como una canción de shoegaze, algo onírico y melancólico por haberlo vivido, pero a la vez triste de que nadie pueda entender lo que despierta dentro de ti.
Jugado en PC con la suscripción a Xbox Game Pass Ultimate.



No hay comentarios :
Publicar un comentario