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jueves, 4 de abril de 2019

Diario de un GordoCheetos #6

Menuda rachica llevo.




He estado como cuatro o cinco días completamente destruido de la espalda/cuello y creía que me moría. Era yo feliz, podía hacer triples saltos mortales, escalar el Empire State con mis manos y correr siete maratones seguidas, pero un día me desperté y madre mía, el fin del mundo. Algo hice esa noche para dormir en la posición más anatómicamente imperfecta posible para despertarme con el peor de los dolores posibles. Yo me imagino con la cara metida en mi culo, porque si no ya me diréis vosotros de donde viene semejante dolor y durante tanto tiempo.

El caso, esa mañana me dolía, pero conforme avanzaba el día la cosa se puso insoportable y no había manera de mirar al techo. No os quiero contar cómo fue esa noche. Mucho Sekiro pero eso sí que era un souls like. Al día siguiente la cosa seguía, y básicamente me movía como si tuviera controles de tanque. Está bien vivir como en un juego de Capcom pero hasta cierto punto. Tras días enteros con una manta térmica incrustada en el cogote y algunas drogas varias el dolor desapareció, aunque todavía me avisa de vez en cuando de que está ahí. Eso sí, como tuve que estar aparcado en un sofa con el bicho ese puesto en la nuca me pegué una buena paliza casi ininterrumpida al Rime.

El análisis de Rime vino patrocinado por mi dolor de omoplato

Mi monitor está loco, completamente loco. Es cierto que está mayor el pobre, tendrá cerca de diez años, pero nunca he tenido problemas con él salvo ahora. Mi gafe del mes de marzo, uno de los peores que recuerdo en mucho tiempo, tenía una última sorpresa para mí, y es que de un día para otro el monitor ha sido poseído por un demonio. En honor a la verdad llevaba tiempo haciendo alguna estupidez, como que apareciera el menú del monitor de la nada durante un segundo. Nada molesto, pero un día desperté y... era como si tocara a la vez todos los botones del monitor. Se cambiaba continuamente a cada segundo entre las diversas fuentes y brillos, contrastes y todo lo configurable se cambiaba sólo. Ya digo, como si un mono trasteara con los botones del panel lateral. Estuvo así varios días, y pillé e hice lo que siempre hago en estos casos, abrir el cacharro y soplar y apretar cosas. Intenté desenchufar los conectores de los botones laterales pero no hay manera. Pareció funcionar durante un par de horas hasta que volvió la locura.

Tras dejarlo varios días haciendo todo tipo de pruebas, me rendí y decidí que era buen momento de comprar monitor nuevo. Se me había pasado por la cabeza hace unos meses, así que dentro de lo malo, pues mira. Con la ayuda de Atreides de manera personal y como base su pedazo de texto sobre qué monitor comprar, el elegido fue un AOC Q3279VWFD8, que además aparece en las típicas listas de lo mejor por ese rango de precios. 2K, IPS, 5ms de respuesta, 32 pulgadas que a ver dónde las meto en mi escritorio y Freesync por 200€. Eso sí, un mes de espera porque no hay stock.

¿Y sabéis qué? Que arreglar el otro monitor era simplemente hacer el pedido del nuevo. Desde el día siguiente el monitor viejo funciona como si nada. Se hace el loco porque sabe que viene el gigante nuevo. Me plantee cancelar el otro pedido, pero por ese precio y esas características, teniendo en mente que éste me va a dejar tirado en breve por lo que lleva haciendo tiempo, es una necesidad más que un capricho. Y vaya, con el viejo puedo entrar por primera vez en el mundo de la doble pantalla.

El bicho que he comprado sin saber si me va a caber

El pifostio que tengo montado con los controles de los FPS no es ni medio normal. FPS de juegos, no de cuadros por segundo. Toda mi vida he dejado controles por defecto en los FPS, me adaptaba fácilmente y de alguna manera trastocar los controles básicos daba problemas de incompatibilidades en juegos con muchos comandos. El caso, que desde un tiempo a esta parte, me ha dado por cambiar los controles a mi configuración estándar que ha venido impuesta por mi enfermizo número de horas al PUBG. El problema está en que, al tener Origin Access y querer amortizarlo, me he metido una panzada de FPS importantes en poco tiempo y cada uno tiene sus particularidades. el horrendo Battlefield 4, el adictivo Apex Legends, el sorprendente Battlefield Hardline, un coqueteo con Destiny 2 y ahora mismo, Titanfall 2 el cual he dejado un poco a medio por culpa de una cosa que se llama Sekiro que ha hecho que aparque toda mi vida. El caso, que cada vez que vuelvo a jugar a un FPS me tiro la primera media hora confundiéndome de teclas por todos sitios.

Aprovecho para meter foto de mi teclado Tronsmart TK09R, que se note el partner

Y hablando de Apex Legends, tengo una relación muy extraña con él, o mejor dicho, una adicción peculiar. Una vez que empiezo no puedo parar. He llegado a abrir el juego con "un par de partidas antes de comer y ya" y estar todo el día entero dedicándolo al Apex Legends, pero lo curioso es que me cuesta ese momento de abrirlo. No tengo, salvo en contadas ocasiones, unas ganas locas de ejecutarlo. Igual es la pereza de abrir Origin pero el caso es que ese primer doble click no se me pasa por la cabeza tanto como luego me vicia el juego. Prueba de ello es que las aproximadamente 40 horas que he echado en los mundos del Apex Legends han sido en unos pocos días. Me meto panzadas en lugar de una adicción lineal como me pasa con otros juegos similares. Tampoco ha ayudado mucho que la season 1 de Apex Legends haya sido tan decepcionante.

Not so wild

Y con esto termina esta nueva entrada sobre mi fascinante día a día. Teniendo en cuenta mis diversos problemas tecnológicos y no tecnológicos que aquí no tienen cabida, ya no pido que abril sea un mes bueno, pido que sea un mes normal. Con suerte en el Diario de un GordoCheetos #7 no hay menciones a que se me ha roto el móvil o me ha explotado mi fuente de alimentación nueva.

2 comentarios :

  1. Creo saber cuál es el problema de tu monitor, se te ha colado un elfo doméstico en casa, para que no juegues tantas horas al apex Legends

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