jueves, 31 de enero de 2019

Splasher

El paraíso de los speedrunners.



A poco que hayáis jugado a videojuegos seguro que os habéis topado con uno que os empuja a jugarlo lo más rápido que podáis. Sí, podrías parar y estudiar el escenario y tus próximos movimientos pero... qué coñazo, ¿no? Apoyado por el siempre bonito recurso de los checkpoints que se traduce en vidas infinitas, Splasher es ese juego que te impulsa a no parar ni medio segundo, a avanzar sin respirar y ya si eso aprendemos del centenar de muertes que nos espera por jugarlo así.

Y es que no hay ningún razón por la que haya que ir rápido en Splasher. No hay tiempo, no hay tampoco muchas partes donde seamos perseguidos, no hay nada. Splasher es un llamamiento masivo al speedrun, a terminarse los niveles y el juego en el menor tiempo posible y subir tu tiempo a los marcadores, y no necesita ponerte un cronómetro en una esquina de la pantalla o alguna recompensa para que pises el acelerador. Splasher hace todo esto desde la suavidad y rapidez de sus controles, siendo una delicia en términos de jugabilidad.


La premisa es sencilla. Estamos ante un Meat Boy -menos agresivo- desarrollado por Splashteam en 2017 donde tendremos que poner fin a la tiranía de un dictador que se ha dedicado a hacer experimentos de nula moral ética. Empezaremos desarmados, pero pronto contaremos con un arsenal de pintura que nos permite desarrollar el núcleo jugable de Splasher. Tomando como referencia el mando de Xbox, pintura roja para adherirse a paredes pulsando el botón B (rojo), pintura amarilla que hace que rebotemos con el botón Y (amarillo) y agua para limpiar tanto la suciedad del nivel como algo que hayamos manchado nosotros mismos con el botón X (azul). Estos pequeños detalles le dan un plus de cuidado al título. Todo ello se combina con partes de plataformas insanas y algunas otras partes de acción a pesar de contar con poca variedad de enemigos y estrategias.

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Splasher es un juego de coordinación, que pone a prueba tu conexión entre cerebro y manos. El 80 % de las veces que mueras será porque tu dedo ha presionado un botón distinto con respecto a lo que ha ordenado tu cerebro. A veces Splasher parece más un Simon Dice que un juego de platagormas. Todo esto es, claro está, si apuestas por la verdadera esencia que se traduce en ir todo lo rápido que puedas. Honestamente, creo que es imposible no contagiarse de ello, así que no dudes en dar rienda suelta al juego. Las 3-4 horas que te puede durar a esa velocidad van a ser mucho más satisfactorias que las 5-6 pausadas que puedas jugar a ritmo normal.

El juego incluye salas especiales, trabajadores que hay que rescatar que funcionan a modo de coleccionables -y que recuerdan a las letras K-O-N-G de Donkey Kong Country- y un sistema de puntuación muy ameno que te permite dar un punto más al modo historia. Splasher se redondea apostando por el speedrun más descarado, ofreciendo modos especiales de contrarreloj y partidas completas de una sola sentada para los más valientes.


Gracias a su más que amena jugabilidad Splasher se convierte en un juego de los que hay que jugar. Desafiante en sus últimos niveles, pero tampoco empeñado en ofrecerte un contador de mil muertes.


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