Hace unos días escribía el análisis de Katawa Shoujo, y la verdad es que no salió muy bien parado. En él, reflexionaba sobre si las visual novel son en realidad un género que me entusiasma y que me interesa, y hacía evidente que necesito buenas dosis de interactividad para poder soportar un juego del género. Tenía miedo de que Hatoful Boyfriend, juego propuesto por rokuso3 en el pasado ¿a qué juego quieres que juegue? me acabara repeliendo totalmente de dicho mundillo, pero gracias a Dios el efecto fue todo lo contrario.
Hatoful Boyfriend es un juego otome que tiene como principal encanto y reclamo el hecho de que todos sus personajes son palomas, palomos y pájaros en general. Bueno, todos menos nuestra protagonista principal, única alumna humana que estudia en el instituto St. Pigeonation. El planeta de los palomos, podríamos llamar al juego, y es que se desarrolla en un futuro distópico post-apocalíptico en el que las palomas han desarrollado una inteligencia sublime y se dedican a la ciencia y al arte como cualquier ser humano.
Nuestra procedencia y la razón de que estemos como única alumna en el instituto son un enigma, pero no es algo en lo que debamos centrarnos al principio, ya que nuestro objetivo es encontrar el amor entre los palomos que se nos presentan. Yo, que siempre he sido un palomardo en todo en esta vida, me sentía muy bien entre todos mis congéneres. Así, conoceremos a Ryouta, Sakuya, Yuuya, Nageki, Oko San, Nanaki y Shuu, con los que podremos entablar una relación (no en todos los casos desde el principio si no me equivoco), bien sea amorosa o más bien platónica. Cada vez que conocemos a una de estas aves, un dibujo de ellas humanizadas aparece con el objetivo de que nos hagamos una idea de cómo lucirían físicamente si fueran humanos. Me resulta curioso que me sienta más cómodo buscando un novio para mi personaje que buscando una novia cuando encarno a un chico. Yo creo que soy homosexual y no lo sé.
Pagué la novatada nada más empezar, y mi partida acabó varias veces a pesar de que lo intentaba sin haber encontrado el amor. Tomaba distintas decisiones y ahí acababa sin entender muy bien qué pasaba, creyendo que mi partida había acabado a medio por no haber llegado a un checkpoint con determinados requisitos, pero no, lo que pasaba es que no había mucho más juego y ahí terminaba la cosa. Y es que las partidas de Hatoful Boyfriend son rápidas, muy rápidas, y su duración es escasa. Me dí cuenta de ello cuando conseguí enamorar a Ryouta y conseguí ver un final decente. Me dispuse pues a ver el resto de líneas amorosas de nuestra protagonista (la cual vive en una cueva, esto es así) y fui poco a poco desbloqueando todas las imágenes de la galería y los archivos que tienen poco sentido en un principio.
Hatoful Boyfriend tiene todo lo que me faltó de Katawa Shoujo, y es por ello que me reconcilié con el género tras lo anterior. Interactividad total, preguntas constantes sobre qué hacer y qué decir que determinan tu evolución. Me da igual que sean tonterías, que simplemente tenga que elegir rutináriamente a qué clase iba a ir ese día, lo que quería era sentir que tomaba decisiones y no me limitaba a leer. Además, Hatoful Boyfriend, lejos de ser el juego emotivo que presentaba Katawa Shoujo, es un juego que combina excepcionalmente bien lo emotivo con el humor absurdo. Esos momentos en los que se habla de palomos que escriben blogs y reciben premios literarios y cosas de esas son impagables, no hablemos ya del romance entre dos pájaros moteros obsesionados con respetar las normas de circulación.
Pero lo que de verdad me marcó tanto la diferencia no fue ese humor, ni el hecho de que el final verdadero del juego sea tan profundo, ni el mero hecho de estar rodeado de palomos que hablan y se enamoran en un homenaje a lo absurdo. Lo que de verdad me gustó tanto fue la protagonista, que es especialmente graciosa y con la que me identifiqué en varios momentos. Además, el hecho de tirar tantas veces la cuarta pared es algo que siempre me ha hecho débil.
Muchas historias posibles y muchos caminos por los que ir en partidas de una duración muy corta. Hatoful Boyfriend se disfruta mucho más rápido de lo que parece, y llama la atención que en tan poco tiempo deje un poso tan grande. Una vez superas el humor que produce todo lo de las palomas te acabas metiendo en una historia llena de detalles que vas entendiendo conforme vas terminando cada una de las tramas. Cuando acabas todas ellas (salvo la de Shuu, que no es necesaria, o eso creo), desbloqueas un nuevo modo en el cual puedes descubrir cada uno de los secretos del juego.
Y cuando digo todos los secretos me refiero a todos: la razón de tu presencia en el instituto, la explicación al mundo que te rodea lleno de pájaros que conviven como humanos, las tiranteces que hay entre ambas especies y las organizaciones detrás de cada uno de los movimientos que se producen en el juego. Esta historia da la vuelta completamente al género y se aleja del amor y el humor para meterse en un thriller detectivesco más que inesperado donde todas las palomas del juego con las que hemos interactuado tendrán su papel, y donde descubriremos todos los secretos de nuestra protagonista, de las palomas y del mundo entero en general. Particularmente este episodio final se me hizo algo largo (y menos interactivo). Es infinitamente más largo que cualquiera de las tramas amorosas que hemos vivido, y es necesario para darle al juego solidez y que no parezca una mera parodia con palomas de cualquier juego de citas. Prueba de ello es la inmensa comunidad de fans que ha despertado el juego, con un montón de páginas dedicadas y amor desinteresado en general.
Aunque este episodio final es muy bueno, cuando uno piensa en Hatoful Boyfriend, piensa en los momentos divertidos que ha tenido con él y en cómo lo absurdo se transforma en puro amor. A veces mientras estás leyendo tienes que parar y mirar a la pantalla para decir "oye, que estoy hablando con una paloma y estoy aquí emocionado". Me dijeron que cuando jugara a este juego no iba a volver a ver a las palomas con los mismos ojos, y no se equivocaban.
PUNTUACIÓN
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