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28 ene 2026

I HATE THIS PLACE - ANÁLISIS


Me es complicado hablar de I Hate This Place porque creo que va a ser uno de esos juegos que permanezca en mi recuerdo más de lo que esperaría en un principio. Uno de esos juegos rotitos a los que le ves buenas intenciones y una ejecución que no entorpece demasiado al jugador, pero que no eres capaz de recomendar a la ligera porque notas que te pueden mirar raro.




Tenemos análisis en vídeo, por si buscáis un tono un poco diferente en el análisis.



Todo esto viene de un cómic que desconocía por completo, escrito por Kyle Starks e ilustrado por Artyom Topilin. No me he documentado mucho al respecto, y como digo no era conocedor de la existencia de esta obra, así que si buscáis un análisis que os diga qué tal se siente como adaptación, me temo que tendréis que buscar en otra parte. Este origen de cómic se puede sentir tanto en el apartado gráfico -recordando a un estilo de dibujado similar al de los relatos de terror en papel de Historias de la Cripta-, como en la propia estructura del juego, ya que su desarrollo abierto da lugar a pequeñas subtramas que bien podrían ser arcos argumentales distintos dentro de un compendio más global. Más allá de esto, pequeños trucos visuales como poner las onomatopeyas de los golpes, pisadas y ruidos en general, enfatizan esa sensación de vivir dentro del cómic. Para el caso de I Hate This Place, las influencias que lanzan desde Rock Square Thunder miran a cosas más recientes. Si bien mis primeras impresiones me llevaron a recordar la saga Evil Dead -en su forma ochentera de Sam Raimi-, las menciones van más hacia la serie Stranger Things en cuanto a ambientación, y al juego de culto Darkwood (Acid Wizard Studio, 2017) en su base jugable. 




Donde Darkwood miraba desde la perspectiva cenital, I Hate This Place se va a lo isométrico. Estamos ante un survival horror de acción -y unas gotas de sigilo- que funciona, con una capa tosca de juego de supervivencia que no funciona. Ambas patas se sienten muy separadas y no están bien integradas, convirtiendo al juego en una experiencia inmersiva e interesante cuando abraza una zona cerrada con cierta linealidad, a modo de mazmorra, pero brusca y sin rumbo cuando mete elementos de supervivencia como fabricación de edificaciones y recogida de materiales en un rancho que sirve como base de operaciones. Aparte de la salud y la resistencia, existe únicamente una barra de hambre que combatiremos comiendo cualquier cosa que encontremos o cocinemos, y esa será nuestra única preocupación más allá de evitar sufrir daño o quedarnos fatigados. Lo de "encontremos o cocinemos" se puede aplicar a todo el juego, y sirve para definir su principal problema. No me gustan los juegos de supervivencia, no me gusta todo eso de talar, cocinar, beber agua o evitar salir al exterior cuando hace frío. Me aburren los juegos de trabajar, cosechar y ver cómo pasa la vida virtualmente porque pienso que pasa también mi vida real invirtiendo horas en cosas vacías. I Hate This Place tiene una capa muy tosca, como he dicho antes, pero también es fina, ya que permite crear, como menciono, una serie de edificaciones en el rancho que otorgan materiales e ingredientes que permiten crear nuevas edificaciones, munición, armas, objetos arrojadizos, curas y alimentos... los cuales ya encuentras en tus excursiones por todas las mazmorras y mapa global.




Así pues, un jugador que vaya registrando los contenedores y saqueando los cadáveres tendrá más que suficiente como para completar el juego sin dificultades y, por tanto, evidenciando que toda su capa de crafteo no aportaba nada de nada. Fue mi caso, acabando mi aventura a las seis horas de juego con un elevado número de misiones secundarias completadas y un inventario repleto de armas y curas que no necesité. Creo que toda la capa de autoproducción de curas y municiones está más orientada a garantizar que ningún jugador se quede sin recursos en el inventario a mitad de partida, especialmente cuando los guardados son manuales y no hay puntos de control automáticos para revertir la partida. No sé si se trata de un juego que no acabó de planificar bien el proyecto y por ello la vertiente de supervivencia queda tan relegada a un segundo plano o si realmente esto era un seguro de vida para asegurar la viabilidad de recursos de manera virtualmente infinita, pero sí sé que es un sistema que, a todas luces, empaña más que ayuda al acabado final.


A la receta tenemos que añadirle unos cuantos bugs, al menos en la versión prelanzamiento que he tenido la suerte de jugar, que imagino quedará n arreglados cuando lleguen las primeras actualizaciones. Menos solución tienen otras cosas menos inspiradas, como la falta de música en la práctica totalidad del juego, dando lugar a una sensación de sosería que roza lo incómodo. También se producen conversaciones sin sentido de personajes que hablan de cosas que ya han pasado, misiones que no acaban de seguir bien el progreso y una sensación de que la partida está siempre tambaleante, particularmente rompible, a pesar de que mi partida no tuvo ningún problema serio. Esta capa de cutrez choca con una voluntad obvia de hacer bien las cosas, con una jugabilidad aceptable -los disparos se sienten bastante bien- y la inclusión de físicas en el escenario que también ayudan a dar una mayor sensación de profesionalidad.




Me gustó especialmente la libertad que sentí en todo momento. No ya solo en la manera de afrontar determinadas situaciones, sino a la hora de explorar el propio mundo. Puedes ir donde quieras y adelantarte a muchas misiones del juego, y puedes completar todo lo que ofrece I Hate This Place en un orden distinto, por lo que el mundo se siente lo suficientemente orgánico como para destacar su estructura como una de sus más inspiradas virtudes. Tal y como dije antes, lo técnico no acompaña tanto y muchas veces se dan situaciones muy incoherentes, así como misiones que se contradicen o se rompen, pero igualmente prefiero su valentía a cambio de pagar como precio poca finura.




Con todos estos ingredientes, la conclusión final es que no hay nada malo en I Hate This Place, porque todo aquello que no funciona lo puedes obviar. Mi experiencia fue buscar un inmersivo survival horror y fue lo que tuve, y lo demás me dio igual -quitando errores técnicos más graves-, pero tampoco puedo ponerme la venda en los ojos y hacer como que sus errores no existen, por más que puedas dejarlo todo de lado. Sus sistemas carecen de sentido, todo se siente aislado y no hay cohesión entre sus propuestas, dando lugar a un producto divertido pero que no sabe a quién va dirigido. A medio camino entre el placer culpable y el juego decente, I Hate This Place supone un intento algo torpe de mezclar el survival horror con el género de supervivencia -no, no es lo mismo-, dejándolo más como un título entrañable que acertado.




Jugado en PC (Steam) a través de una clave de prensa proporcionada por Pirate PR.

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