martes, 25 de abril de 2017

Rust: Diario de un Desnudo - Capítulo 2: Viviendo Entre Osos




Es recomendable leer los capítulos anteriores del Diario de un Desnudo.

Desamparados, desnudos y sin casa, he de ser sincero y no recuerdo si continuamos en el mismo servidor o si probamos en uno nuevo. Casi seguro que fue lo primero. Lo que si recuerdo es que uno de nosotros se curró una casa entera en una pequeña pradera que no estaba mal. El único problema es que eso era un maldito nido de osos, y creedme que en Rust los osos son más peligrosos que cualquier otra cosa cuando estás desnudo y sin armas potentes.

Aquella casa era rara. Muy rara. Rara de cojones. Rara de bloquear a dicho amigo de cualquier red social que tuvieras presente. Al parecer, en medio del caos que suponía hacer la casa rodeado de osos que te miraban como si fueras un cubo de miel de dos toneladas, nuestro amigo puso dos puertas, una detrás de otra, y por alguna razón que no recuerdo, la que daba paso a la sala principal se cerró y no había manera de abrirla. Creo que además era una puerta de metal y no de madera. Teníamos, para que nos entendamos, como una salita de entrada que daba a la puerta principal, y sólo podíamos abrir la puerta de la salita -un cuadrado de 1x1- pero no la otra.


A la casa se accedía, atención, subiéndose a una roca y desde allí saltando a una ventana agachándote en el aire. Ay, Half-Life, cuánto nos has enseñado sobre la vida... Ventana que, por otra parte, había que dejar abierta para poder volver a entrar. Encima no era un salto limpio y costaba mucho tanto subirse a la roca como entrar por la ventana. Algo muy ideal cuando en la zona aparecían osos con la misma frecuencia que moscas.

Allí hicimos más o menos vida, y la verdad es que no recuerdo ni que nos asaltaran. Eso sí, los osos aparecían por todas partes, y como todavía no se había migrado al motor Unity se colaban entre las rocas y nos golpeaban a través de texturas vacías. Fue en esa casa donde fui atacado por primera vez por el helicóptero, que siempre había visto pero nunca me había atacado. Es lo que tiene ir por ahí siempre desnudo. También fui al primer monumento, el cementerio de trenes, para comprobar que la radiación es mucho más letal de lo que puedes pensar.

La puerta esa intermedia se convirtió en nuestra obsesión, y decidimos tirarla abajo con hachas. Estuvimos cerca de media hora rompiendo y creando hachas para poder destruir esa maldita puerta que tanto nos incomodaba y poder así entrar a la casa como las personas normales. Eso fue lo más remarcable de nuestra supervivencia en aquella casa.

Si soy sincero no recuerdo qué pasó con aquella casa, pero estoy casi seguro de que no nos asaltaron. Probablemente decidimos abandonar el servidor cuando encontramos otro donde pasamos la mayor parte del tiempo, o mejor dicho, la mayor parte del tiempo en compañía. El Rust empezaba a tomar forma tras estos pequeños fetos de construcciones que habíamos hecho, pero eso es capítulo para otro momento.

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