martes, 21 de noviembre de 2017

Torchlight

Travis Baldree -diseñador de Fate- junto a diseñadores de Diablo y Diablo II unidos bajo el sello Runic Games lanzaron el que por entonces -2009- fue considerado el mejor clon de Diablo que jamás se había hecho: Torchlight. Un juego altamente valorado que coge la esencia del mítico juego de Blizzard y cumple con las expectativas de aquellos que no tuvieron suficiente con dicho juego a pesar de echarle cuatrocientas mil horas.

Y aquí estoy yo, preparado para echar pestes del juego.



Mi problema no es Torchlight -aunque a veces sí-, mi problema es la base en sí. Me lo pasé bien las primeras diez horas, y sinceramente mucho aguanté para lo que me empezó a bajar el juego. Repetir, repetir y repetir. En Torchlight lo que haces en el primer minuto lo haces en el último. Una vez has repartido las primeras tandas de puntos de habilidades todo consiste en repetirlas contra los enemigos por diferentes que sean. La estrategia acaba convirtiéndose en una especie de coreografía que repites una y otra vez. Haz click, presiona la tecla 1, luego la 2, click derecho, tecla 3. Recoge todo lo que han dejado los monstruos y quédate ahí unos segundos comparando todo lo cosechado con lo que tenías, por no hablar del coñazo que supone que el 75 % de los objetos que has conseguido están sin identificar y tienes que ir usando un pergamino para saber qué son, uno por uno.

Tus estadísticas mejoran, subes de nivel, mejoras tu equipo y continúas tu aventura. Vas bajando pisos y los enemigos se van haciendo más fuertes, mejorando sus estadísticas. ¿Conclusión? La coreografía se acaba repitiendo de la misma manera. Tienes que hacer el mismo número de clicks por mucho que hayas mejorado el equipo porque los enemigos también lo han hecho. La falsa sensación de mejora y evolución dura si acaso un par de minutos.


La teoría nos cuenta que Torchlight es un juego con muchas posibilidades, y sí, es así, pero tiene muchas posibilidades de rejugabilidad y no variedad real. Muchas habilidades, tres clases distintas y suficientes estadísticas como para cambiar las partidas. El problema está en que una partida completa de Torchlight puede extenderse hasta las 30 horas si te dedicas a hacer todo lo que existe. Volver a empezar con un personaje nuevo para ver cómo cambia la cosa durante otras 30 horas ideando nuevas coreografías no es precisamente lo que yo entiendo como variado.


Sí, me meto con Torchlight por ello pero es el género el que me chirría. Me habrá pillado de malas o lo que sea, pero la realidad es que adoré un juego como The Incredible Adventures of Van Helsing que es exactamente el mismo juego. Un juego mucho más contenido y recogido, que captaba esa esencia adictiva pero no se veía repetitivo. Torchlight son horas y horas de vacío que, si bien disfruté, no me parece que estén justificadas. Menos es más.

Torchlight se vuelve absurdamente caótico, lo cual divierte y frustra a partes iguales

A las propias carencias del género que ya he expuesto hay que añadir las putadas propias de Torchlight. Cosas como la pesca, que sí, es opcional, pero vaya coñazo -más cuando hay un logro de conseguir 1.000 peces-, y sobre todo la gestión de inventario que podría ser mucho más ágil. Además, la dificultad es muy absurda, ofreciendo una última parte con un aumento injustificado de la misma que hará que lo pases mal de golpe cuando durante todo el juego no te han hecho ni cosquillas. A esto hay que sumarle el hecho de que los enemigos hacen golpes críticos, y puedes encontrarte perfectamente con varios enemigos potentes a la misma vez porque el juego se genera aleatoriamente. Pues sí, mueres y ya está porque al juego le ha dado por cantar tres golpes críticos de los enemigos a la misma vez, pero poca risa cuando existe un modo hardcore con permadeath donde, directamente, dependes de que jamás se de esa situación.

La pesca, un auténtico coñazo

Torchlight es un juego que define el género, o mejor dicho, la definición del género es lo que describe a Torchlight. No hay absolutamente nada que añadir si conoces lo que es un Diablo. A pesar de todo, a pesar de pensar que no merece la pena echar la cantidad de horas que he echado, Torchlight no es mal juego siempre y cuando tu aguante en cuanto a repetición sea muy alto. Los mods suavizan la experiencia, y el propio juego incita a meterlos, pero Torchlight es lo que es de cualquier manera.


2 comentarios :

  1. Nunca me ha gustado diablo pero no lo decía porque pensaba que estaba solo en este mundo. Ya veo que no

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    1. Hombre, Diablo era buen juego, pero claro, si te pones a jugar a los clones te acabas dando cuenta de que haces lo mismo todo el rato y encima en varios juegos.

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