jueves, 29 de junio de 2017

Rust: Diario de un Desnudo - Capítulo 5: Los Muros de Trump




Es recomendable leer los capítulos anteriores del Diario de un Desnudo.

Lo que el Rust te lo da el Rust te lo quita. El Wipe se había producido, y eso hizo que nos hiciéramos una casa de verdad, la que realmente fue nuestra primera gran construcción en Rust.

Allí fuimos, desnudos por el servidor, buscando juntarnos como siempre que empezamos pero ya con nuestros ojos puestos en dónde hacer la casa. De camino a nuestro punto de encuentro encontré una llanura preciosa cerca de un puesto minero y a su vez cerca de la nieve, que garantizaba tener bastante piedra y barriles -muy importante estos elementos en Rust-. Estaba un poco falto de madera, pero nada que no se pudiera tolerar. El problema es que por otro lado mi amigo vio otro sitio que le resultó apetecible. Una ladera rocosa a las faldas del desierto donde al parecer había mucha piedra. Como no tengo personalidad, decido aceptar su propuesta y empezamos a hacer la casa allí. Además, el resto de jugadores del servidor -los pros- se habían hecho la casa por aquella zona, y pensé que eso era una buena señal. La zona ya os aviso de que era una mierda.

Sí, de primeras estaba bien. Tenía el desierto al lado que eso garantizaba cosas muy ricas de manera inmediata, pero era otro nido de osos. No era la cosa tan grave como en aquélla casa muy del principio de la que hablamos en su día, pero era muy incómodo. Eso sí, conseguíamos ya armas y derivados que facilitaban la cosa. El caso es que no era ése el problema, sino que era totalmente incompatible con nuestro plan. Como somos personas introvertidas estábamos obsesionados con aislarnos del mundo, y a la misma vez tener todo lo posible dentro de nuestro aislamiento. La idea era hacer la casa y en el exterior hacer hornos grandes, huertos y una cantera, y amurallar todo eso con muros de piedra altos. Si sabéis cómo va Rust deberíais estar soltando carcajadas ahora mismo, pero vamos por partes.

La casa estaba muy bien. Era de chapa entera, aunque ya digo que siempre mejor hacerla de piedra. Teníamos nuestra habitación del loot, nuestras ventanas bien colocadas, nuestro acceso al ático, un montón de puertas y escotillas entre habitación y habitación, espaciosa para colocar un montón de hornos -unos 10 o así-. Todo bastante bien, salvando el tema del armario de los permisos que fue algo que no dominamos hasta ya avanzado el juego -es lo que tiene el servidor pacifista, que no te enseña mucho sobre eso-. Pues una casa muy apañada donde acumulamos un montón de cosas, desde ordenadores hasta canteras de los distintos air drops durante el juego. El servidor era tan bonito como lo pintaban, la gente llegaba a los air drops y se repartían la mercancía, intercambiaban recursos y quedaban para derribar juntos el helicóptero. Nosotros vivíamos más a nuestro rollo, pero nos llevábamos bien con todos y jamás fuimos asaltados. Una noche hasta fuimos con guitarras a rondar a los vecinos. Rust da para lo que tengáis en mente y mucho más, y si no ya lo veréis.

La casa parecía una nave de Star Wars

Una vez hecha la casa, empezaron los problemas. Los muros externos necesitan de una superficie muy plana para conectarse entre sí, y la ladera era de todo menos un sitio plano. Lo intentamos, y lo que nos encontramos fue que no había manera de amurallar eso. La cantidad de muros que pusimos intentando hacer combinaciones imposibles dio como para crear casi un laberinto de muros sin sentido. La casa se transformo en una parodia, y los propios jugadores habituales del servidor nos llamaban Donald Trump por la obsesión que teníamos con construir muros.


Pasaron los días y... ¿nos están asaltando? ¿Qué es esto? ¡En este servidor no se nos puede asaltar! Medio mosqueados comprobamos como faltan muros de los que habíamos puesto. Sí, amigos, estamos hablando del "decay", de como los muros se van cayendo si no los mantienes. Claro, la primera impresión era que nos habían asaltado, hasta que dimos con la solución de lo que realmente estaba pasando. Para mantener dichos muros se necesita mucha piedra, y si encima la muralla es mamotrética como pretendíamos eso era más que inviable, por no decir que no teníamos ni cantera ni nada que pudiera ayudar a ese propósito. La zona se puso muy fea, y convencí a mis amigos de que la mejor opción era mudarnos a una casa nueva donde yo había dicho al principio, la llanura donde nos cabía hasta una cantera para amurallar.

Allí hicimos la mejor casa que tuvimos, muy reforzada, compacta y bien defendida. Era asaltable porque el tema de los armarios todavía no lo dominábamos bien, pero la estructura en sí estaba muy bien conseguida. Allí conseguimos poner nuestra primera cantera, la cual amurallamos, y nos hicimos hasta un patio muy curioso. Esa casa fue la evolución natural de todo lo que habíamos aprendido. "La casa del valle" se llamó, para acabar abreviándose como "Valle" y dejar a la otra abandonada con el nombre de "Quimi". Sí. Ése era el nivel.

La mejor casa que tuvimos todo el grupo juntos

Ya empezaron aquí a asaltarme las primeras dudas. El servidor estaba muy bien, el juego era divertido pero... ¿para qué? Ir a la Cúpula y conseguir ordenadores que sirven para construir cosas como torretas... ¿para qué? Conseguir un montón de azufre para hacer pólvora... ¿para qué? Tener una pestaña en el menú de creación de explosivos... ¿para qué? Tan bien como me lo pasaba en Rust sabía que eso no era el Rust real, y las ganas de probar el juego verdadero iban aumentando, pero antes de eso, faltaba una última cosa, algo de lo que me siento particularmente orgulloso. Carne para el siguiente capítulo. Os prometo que merecerá la pena.

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