lunes, 18 de mayo de 2020

SPATE - NI BORRACHO

Spate es, ante todo, un mal juego. No importa si coges el mando en busca de una buena historia, si lo coges para buscar una experiencia jugable atractiva o si simplemente te apetece disfrutar visualmente de un producto audiovisual. Lo enfoques como lo enfoques, Spate es un mal juego.



2014 y en definitiva mediados de 2010s, es una época donde, para mí, se empieza a establecer una frontera que determina que determinados juegos ya no son suficientes, una frontera que viene a decir que "esto ya lo he pasado". Ya han pasado varios años de la explosión de los indies con Braid entre otros, y recibir en 2014 un juego como Spate da sensación de que no se ha evolucionado nada. Estamos hablando de un juego lineal de plataformas relativamente mortíferas cuyo máximo exponente fue Limbo, un juego que ya de por sí no era tan bueno pero que de alguna manera se sigue utilizando como referencia. Aquí me vale, para ejemplificar algo que creo todos compartimos: si Limbo hubiera salido en, digamos, 2016, no nos hubiera dicho absolutamente nada, y es precisamente lo que le pasa a Spate, que llega en 2014 y ya es muy tarde para él. Por delante, hundir el stick del mando hacia la derecha durante todo el juego mientras se te va relatando una historia mediante un -buen en este caso- narrador.

Nos encontraremos con plataformas estáticas en su mayoría, de nulo desafío, y algunos pequeños tramos con puzles -cuesta catalogarlos como puzles- basados en físicas. Lo estándar del género se hace patente en Spate, y su aportación de éste es casi nula. Por todo ello, no se os ocurra acercaros a Spate buscando un juego de plataformas decente.


Estos juegos llevan, normalmente aparejados, una trama profunda que suele invitar a la reflexión y que rara vez se centra en pensamientos positivos. Spate no se sale de la media, y nos ofrece una búsqueda interior derivada de un grave problema de alcoholismo que hará que nuestro protagonista tenga que llegar hasta una montaña y escalarla para, siempre con una capa metafórica pero estúpidamente obvia, superar los problemas derivados del mismo. En todo momento podemos beber, de manera infinita, de nuestra petaca, lo cual nos proporcionará un boost de agilidad que nos hará correr más y saltar mucho más alto. Todo el juego podemos completarlo con nuestro doble salto estándar, pero jugablemente es tan pobre que la petaca supone casi una invitación a la bebida para acabarlo mucho más rápido y cómodamente, otorgándonos esas ventajas que de alguna manera sirven para equilibrar los problemas de jugabilidad.

Beber de la petaca dará lugar a determinados efectos en pantalla durante algunos segundos. Podría haberse potenciado todo esto para ofrecer más alternativas, pero la verdad es que no va más allá de un distorsionado de imagen puntual. En definitiva, esto del alcoholismo es pieza central, pero acaba siendo insignificante. La historia es obvia de más, y su simbolismo, por decirlo de alguna manera, se hace evidente desde las primeras escenas. También es predecible todo su desarrollo. Tan sólo puedo salvar la escritura y la voz del narrador. Por todo ello, no se os ocurra acercaros a Spate buscando una historia o narrativa decente.


Las imágenes que acompañan a este texto dicen mucho de Spate, pero también lo falsean. Estáticamente, en captura de pantalla, el juego no se ve mal. Tiene ese 2.5D que aquí resulta un poco más feo de lo normal, pero tiene esa creatividad para otorgar en algunos momentos escenarios decentes. El problema está en cuando ves el juego en movimiento, donde se empiezan a ver una tras otra todas sus carencias técnicas, con una falta paupérrima de animaciones y un rendimiento sanguinario que difícil llevará tu juego a los 60 fps por mucho que puedas jugar a todos los juegos del mercado en ultra.

Los macarrónicos filtros, la intempestiva lluvia que más que acompañarnos nos absorbe, los repetitivos enclaves de la historia y un diseño de personajes nefasto completan el deficiente aspecto visual. Por todo ello, no se os ocurra acercaros a Spate en busca de un regalo para vuestros ojos.


Spate es un producto pequeño, pero que tiene cierta ambición. La banda sonora es salvable, pero la mezcla de audio hace que tengas que estar constantemente regulando el volumen por estar mal balanceada. Además, Spate sufre inexplicables problemas de bugs y una muy deficiente cámara capaz de quedarse atascada mientras tu avanzas, todo esto en un juego lineal de menos de dos horas de duración que debería tener un control de calidad bastante más sencillo. Por todo ello, no se os ocurra acercaros a Spate como videojuego en ningún momento.


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