sábado, 28 de febrero de 2015

Freedom Fall

¿Sabéis qué? Últimamente estoy cansado del buque insignia del género indie. Esos juegos de puzle-plataformas que siempre se basan en algo presuntamente ingenioso para intentar salir de ese pozo sin fondo que se ha convertido el mundillo. Pocos casos de los últimos se salvan, como podría ser mi querido Where Is My Heart?, pero lo cierto es que empiezo a ser exigente con ese tipo de juegos.



Por ello, juegos como este Freedom Fall me caen inmediatamente bien. ¿Qué aporta el juego de Stirfire Studios? Absolutamente nada. Estamos ante un juego de plataformas con la peculiaridad de la verticalidad en lugar de la horizontalidad, basado en el noble arte de morir y reintentar "patentado" por juegos como Super Meat Boy. Más allá de su peculiar carisma no hay nada que puedas considerar innovador o necesario para el mundillo en cuestión, y por eso te puedes limitar a coger el mando y pasarte el juego.


Cuando hablo de plataformas vertical hablo de que el 90 % del juego lo pasaremos descendiendo desde lo alto de una torre que sirve de prisión y en cuya base se encuentra la salida. La prisión se encuentra gobernada por una princesa muda de gustos muy peculiares que disfruta con la muerte y el empalamiento de los presos, de sesiones de té con su dragón y de presenciar como su padre aniquila unicornios. Sí, la princesa está muda, pero toda la prisión está llena de mensajes escritos en la pared que te van contando la historia conforme vas descendiendo, aunque más de la mitad de esos mensajes tengan como única finalidad ridiculizarte y meterse contigo. Ya sabéis de qué va la cosa, y todo por culpa de GLaDOS, pero de alguna manera nos sigue haciendo gracia este tipo de "enemigo".


Freedom Fall es un juego muy corto, y por su vena plataformera es probable que seas transportado a tu tierna infancia, aquella donde empezabas una partida y la acababas esa misma tarde para bien o para mal, sin poder grabar partida. Aquí puedes hacerlo en cada nivel, y no tienes siquiera vidas ni nada que se le parezca por lo que eres inmortal, pero consigue ese efecto, o al menos a mí me dio por sentirlo así. Además, cuenta con varios finales y caminos alternativos que aumentan su rejugabilidad, y es en esas segundas y terceras partidas donde el juego gana en velocidad y precisión gracias a la experiencia del jugador.

Fuera de esto, nada más, pero ya digo que últimamente valoro más un juego que se preocupa por ser entretenido sin más que un juego que busca una buena idea, la presenta y adiós muy buenas. Me viene a la cabeza Closure, por decir alguno.


3 comentarios :

  1. Está poco valorado que un juego sea divertido pero cuando has jugado montones lo aprecias mucho más entre tanta pretenciosidad, tanta seriedad o tanta historia más grande que la vida. Gracias por la reseña, si lo veo de oferta o en un bundle caerá. Saludos fremen.

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  2. Últimamente los indies se las dan de lo que no pueden aspirar a alcanzar.

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  3. @Atreides y @Gerald os contesto a la vez porque ambos comentarios vienen al caso. Creo que es cosa de la cantidad de juegos que hay, y depende de la cantidad que hayas jugado. Todavía falta mucho hasta que se imponga ese sentimiento. Está claro que así han salido cosas prodigiosas, y que incluso los considerados juegos no indies han evolucionado en ese aspecto gracias a lo indie, pero eso no quita lo otro.

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